domingo, 20 de septiembre de 2015

El Señor de los Perdigones. Capítulo 16


Sam Bolsabás y Meriadum Bermudapesca fueron recibidos en Peñarandïl de BrakMt e hidratados a base de torreznos, para posteriormente ser recluidos en una sala. Había una actividad frenética en la fortaleza y no sabían que pasaba. Nadie había respondido a sus preguntas. Esperaban que Fcodo y el cocinero estuviesen a salvo y reunidos en la seguridad de intramuros. Los centinelas les habían reconocido, pero no sabían por qué no estaban con sus compañeros.
A la mañana siguiente se personaron en su sala dos trasgos que no conocían. Eran bastante parejos.

-          Hola, somos los Caballeros del Círculo Prefeto. Yo soy Täsuk y este es Pac-Cötury venimos a haceros unas preguntas. -Se adelantó a decir uno de ellos-.
-          ¿Qué tal os han tratado? ¿Necesitáis algo? -Preguntó el otro como  un resorte-.
-          Todo está bien, -respondió Sam-. ¿Os han comentado que somos miembros de la comunidad de Degustando Ricas Pitanzas en el Monte?
-          Conocemos vuestra aventura, pero no tanto de vosotros como de las intenciones de vuestra comunidad y el propósito real de vuestra misión. -Respondió Täsuk-. Nos han dicho que pretendéis defender la Tierra Media del Perdigón único y del gran Mago Blanco Saurancho. No obstante, creemos que no estáis capacitados para ello y eso nos hace sospechar que unos menguados como vosotros, logren aspirar a tanto en nombre de todos nosotros.
-          Eso es, -dijo Pac-Cötury-. Tenemos nuestros desvelos y nuestras ansiedades, y por eso estamos celebrando un juicio.
-          ¡¿Un juicio?! -dijeron al unísono Sam y Bermudapesca-.
-          Sí, -respondió Täsuk-. Nuestros informadores de Röhinleonin nos avisaron de que venían dos hobbits y dos enanos desde Camärzanel de Tëruk. Fueron recibidos y tratados bien porque hablaban de la ética mosquera, la pesca a seca como actividad de pura armonía con la naturaleza, malignos perdigoneros y varios principios fundamentales más.
-          ¡Son unos farsantes y unos triperos! -Exclamó Pac-Cötury-. Nadie es un mosquero puro si no domina la entomología y el montaje. Han estado tres días atiborrándose de ensalada de morro, torreznos y oreja con guarnición de callos aprovechándose de nuestra buena voluntad.
-          Tranquilo Pac-Cötury, -dijo Täsuk-. Eso lo comprobaremos más adelante y aplicaremos la sentencia que estime Cärmin Pisanur, nuestro virrey originario de Astur-natur.
-          Pe..pe.. ¿pero qué ha pasado?, -tartamudeó Sam mientas algo bajaba por el vader y no eran los excedentes de la grasilla de la barbacoa-.
-          Verás, amigo, -dijo Pac-Cötury-. Hace tres jornadas Täsuk organizó un simposium multigeneracional de montaje y convocó a los más distinguidos montadores de Rohinleönhin, Al-carria-narüll, Salaman-cöthur, Avilänturak y Validollar. Cärmin Pisanur le ayudo convocando a los mejores de Zamorthull, Astur-natur, Galithornmtih y Cantabronia que se encontró cuando estaban de camino a la Gran Convención de Montaje que en breves fechas se celebrará en los alrededores de la Cosmarca. En resumidas cuentas, toda  una constelación de putos amos.
Invitamos a vuestros amigos a visitar la exposición, -continuó Pac-Cötury-. Tres de ellos asistieron encantados, sin embargo, fuimos desplantados por un hobbit con patitas de oposum, enorme cubrecarter abdominal, mirada de atolondrado, papada de rana croadora y cansina voz de pito. Se hace llamar el elegido.
-          ¿Fcodo?, -preguntaron al unísono Sam y Bermudapesca-.
-          ¡Ese! ¡¡Menuda desfachatez!! -se quejó amargamente Täsuk-. Ese Fcodo dijo que el evento no tenía categoría si él no está presente como montador estrella. Nos dijo algo de un almacén en la Cosmarca, unos programas en televisión y una página web en la que, a decir verdad,  no hay más que romanticismo de andar por casa, mucha cursilería y cuatro montajes que parecen abortos de una mona, truchas palmeras y lo demás morralla. ¡¡Es un impostor que ha sido descubierto por el Mago Verde y Cärmin Pisanur!!
-          Mago Verde y Cärmin Pisanur son justos, -apostilló Pac-Cötury-. Si demuestran su ignominia harán pagar cara su osadía. Si por el contrario es inocente será justamente indultado y podrá campar a sus anchas comiendo matanza de gorrino y pescando truchas como barras de pan a seca al amparo de nuestra protección.
-          Me cuesta creer que Fcodo, en su inmensa capacidad de contención, haya sido capaz de decir una palabra más alta que la otra, -recalcó con vehemencia Bermudapesca-.
-          Pues creételo, -dijo Täsuk-. Nos pidió un sitio y torno en la mesa central para demostrarnos su sabiduría. Le ofrecimos las más selectas plumas e hilaturas, pero declinó henchido de orgullo indicando que a un montador de su categoría le sobraba con plumas de culo de pollo villano y pelos de cualquier animal atropellado.
-          ¡¡Excelsa humildad la de Fcodo!!, -exclamó Sam con devoción-. Entiendo que la exhibición fue todo un éxito, ¿no?
-          Aún da gracias de que pudimos meterlo rápido en las mazmorras, -respondió Pac-Cötury-. Tras estar cerca de dos horas disertando de cómo perdonar la vida al común de los mortales, comenzó a montar un bétido que según él era “el bétido engañador”. A los dos minutos contados comenzó a montar los cercos y los colocó caídos y eso, amigos míos, en el Törmeduril está castigado so pena de muerte.
-          Tampoco es para tanto, -musitó Bermudapesca-.
-          Tal vez en tu casa sea así, -dijo Täsuk-, pero aquí estás muy lejos de ella. Nobles defensores de nuestra cultura milenaria como Lis Ärdeum querían ajusticiarlo sin más.
-          Eso visto así, es un poco pasarse ¿no?, -protestó Sam-.
-          Este par de menguados no nos aportan nada relevante Täsuk, -le dijo Pac-Cötury al oído-.
-          Sí, y parece que no entienden cómo funcionan las cosas por aquí. ¡Acompañadnos al juicio! -Dijo Täsuk-.

Flanqueados por los Caballeros del Círculo Prefeto, Sam y Meriadum fueron conducidos hasta la sala en la que se celebraba el juicio. Al entrar vieron a un muy desmejorado Fcodo, se encontraba encadenado a un poste con una fuente de torreznos fuera del alcance de su mano, sin duda una de las peores torturas psicológicas que su mente podía llegar a imaginar.

-          ¡Crueles!, -exclamó Sam-.
-          Pues esto es sólo el principio, -respondió al punto Täsuk-.

Con un Fcodo gimoteante, y mientras todos se ponian en pie, entraron solemnemente en la sala el Mago Verde y Cärmin Pisanur. Habían sido designados para la administración de la justicia haliéiutica.

-          ¿Cómo vamos para la eclosión de las 5?, -preguntó el Mago Verde-.
-          Como voladores, -respondió Cärmin Pisanur con su característico acento de Astur-natur-. La flagrante falta no admite ninguna interlocución aclaratoria y menos con este tarado. Si no le cortamos no acabamos ni para el mes que viene con tanta tontuna y verborrea.
-          ¡Comenzamos!, -exclamó el Mago Verde-. Es cierto que ud. se llama Fcodo y viene de la Cosmarca.
-          S..s..sí, -tartamudeó Fcodo-.
-          ¡¡Culpable!!, -gritó Lis Ärdeum desde la bancada-.
-          Mantengamos la calma caballeros, -dijo el Mago Verde-. ¿Es cierto que su intención en nuestro simposium de montaje era la de confeccionar un bétido para pescar en aguas del padre Törmeduril con los cercos caídos?
-          ¡No!, -gritó iracundo Fcodo cual fiera enjaulada desposeído del poder de su verborrea-. Mi intención no era que tuviese los cercos caídos, sólo disminuidos. A mi entender queda meridianamente claro que he incurrido en un abuso del lenguaje, motivado  por las diferencias lingüísticas entre vosotros trasgos y nosotros los hobbits.
-          ¡El reo no está en uso de la palabra!, -exclamó Cärmin Pisanur-. ¿Ve usted Mago Verde?, sus circunloquios confusos no llevan a ninguna parte. Todavía estoy tratando de asimilar las aseveraciones que hizo a mi montaje estrella, por más que traté de explicarle la metamorfosis del tricóptero en una gusarapa nunca llegamos a entendernos.
-          ¡Eso es una falacia! -Respondió Fcodo como un resorte-. En mi visita a Astur-natur observé que los hombres y orcos de la ribera del río Narceathür empleaban un aparejo mixto compuesto por lombrices y quisquillas. Esto me dio a entender que, uniendo lo mejor de la tierra y el mar, se habían superado a sí mismos para la captura de los bravos  e inteligentísimos salmones cantábricos.
Del mismo modo pienso, y afirmo, que usted Cärmin Pisanur, es doblemente inteligente y ha revolucionado el montaje de artificiales con su imitación. Una mezcla de tricóptero y gusarapa es letal a todas luces, de ahí que en mi ensalzamiento concluyese que sólo diestras manos y mentes contenidas como la suya pueden hacer uso de tan eficaz e ingenioso señuelo.
-          ¡¡Eso que ha dicho Fcodo lo apoyo, secundo y magnifico!! -gritó Sam desde la bancada-.
-          ¡¡Calla estúpido!! -le increpó Bermudapesca al tiempo que le daba un capón-. ¿No ves que lo mismo acabamos nosotros también amarraos al poste? Eres tan pelota que no te das cuenta de las consecuencias de lo que haces.
-          ¡Que se adelanten y se presenten esos dos!, -solicitó el Mago Verde-.
-          ¿Ves lo peligrosos que son?, -susurró Cärmin Pisanur al oído del Mago Verde-, cuando cogen carrerilla no hay quien los pare y salen tontos por todas partes.

El semblante de Fcodo  tornó completamente a pálido cuando vio irrumpir a sus fieles camaradas en mitad de la sala.

-          Somos Sam Bolsabás y Meriadum Bermudapesca de la Cosmarca, ¡oh Gran Mago Verde! -Dijo Sam haciendo una torpe reverencia-.
-          Muchacho, no necesito palmeros a mis años. Soy capaz de catalogaros sólo con un vistazo a vuestras cajas de moscas y puedo asegurar, sin temor alguno a equivocarme, que entre toda la morralla que traéis los tres no cogéis una trucha en el Törmeduril.

Una sonrisilla se escapaba a Cärmin Pisanur, sus ojillos aviesos denotaban a través de sus gafas que para él todos eran ya culpables. Fcodo se mordía el rechoncho labio tratando de contener toda su ira.

-          Yo a usted le conozco, -prosiguió Sam Bolsabás-. Le he visto en el río Narceathür pescando reos a caña armada con su fiel escudera en el Tec-sum.

Al final resultó que el bueno de Sam había logrado accionar la palanca acertada por una vez en su vida.

-          ¡¡Eso es un infundio!!, -clamó Cärmin Pisanur-. ¡Juro por mi honor que jamás he empleado tales artes!
-          ¡Lo que detalla Sam Bolsabás es cierto!, -gritó Fcodo con el puño en alto clamando justicia aprovechando la conveniencia del asunto, a la par que con el otro trataba de aporrear la mesa para alcanzarse un torrezno-.
-      Por respeto a todos los presentes no quise levantar este escamoso asunto, -prosiguió mordisqueando el unto porcino al tiempo la grasilla se le escapaba por la comisura y disparaba algún que otro perdigón al hablar-,  dado que no es lo que estamos juzgando aquí y mi ética mosquera me impide repeler un ataque con otro si antes no he salvaguardado mi honor del primero. Pero ¡sí!, ¡es totalmente cierto! Puedo nombrar y aportar una docena de testigos que confirmarán  las palabras de mi fiel amigo Sam.
-          Tu honor no vale un pimiento y no osaré que ensucies el mío, -vociferó Cärmin Pisanur poniéndose en pie-. Exijo un juicio por combate para que mi honor sea restituido.
-          ¡Así sea!, -gritó Fcodo poniéndose igualmente en pie, al tiempo que dejaba entrever las lorzas de su zona lumbar y sus raquíticas piernas. Desprovisto de vader, chaleco y sombrero con pluma no era gran cosa, sólo papada-. ¡Lucha tú mismo o trae a tu campeón! ¡Toda mi vida he demostrado mi humildad sin pretender ser más que nadie, pescar más que nadie o montar mejor que nadie pero ha llegado el momento de que alguien os dé una lección!

Con lágrimas en los ojos Sam y Meriadum aplaudían enfervorecidos. Por fin, en aquel trance tan calamitoso, habían visto al líder que Fcodo siempre llevó dentro y por humildad nunca quiso liberar. Con su regio criterio y su revitalizado entusiasmo, la comunidad resurgiría de sus cenizas y Tierra Media estaría por siempre a salvo de las garras de Saurancho.
Sin poder aguantarse la risa, el Mago Verde miró para Cärmin Pisanur y preguntó:

-          ¿Le llamas tú o le llamo yo?
-          Esto es cosa mía, mi honor es sagrado y lo defenderé a cualquier precio. ¡Tim Älluc! ¡A mi lado!

La sala enmudeció súbitamente. Nadie osó decir una palabra. Al otro lado de la puerta comenzaron a oírse unos pasos que hacían retumbar hasta los mismísimos cimientos del edificio. La papada y mofletes de Fcodo no eran ajenos a este fenómeno.
Al tiempo que todos se levantaban y giraban la cabeza, la pesada puerta se abrió y Tim Älluc entró en la sala provisto de su habitual armadura naranja, nadie había sido capaz de contar en una vida las innumerables muescas que llevaba en ella, fruto de sus feroces luchas con las truchas gigantes del gran Törmeduril. Avanzó unos pasos y se inclinó ante su señor. Posteriormente se descubrió del yelmo azul y dejó al aire su sedoso cabello negro.
Encendiendo su pipa de hierbaluisa, restando importancia a todo cuanto le rodeaba, dijo con tranquilidad:

¿Quién de todos vosotros es el mermado que acaba de suicidarse al retar a mi señor?

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