domingo, 24 de julio de 2016

La coherencia irracional


La coherencia es ese material pringoso que enlaza las conexiones que permiten a nuestro intelecto tener una continuidad lógica en su discurso y por lo tanto en las actuaciones que de él emanan de forma que, las personas que la poseen, actúan en consecuencia con lo que dicen y con lo que piensan.

No se esforzó mucho el que inventó la palabra que seguramente defina la actividad más notoriamente practicada por el gran número de pescadores que se han abrazado a ella: la incoherencia, sólo tuvo que agregar un prefijo de negación para explicar su carencia.


La voluntad de algunos pescadores es veleidosa, cual piuma al vento, y los férreos principios racionales que la soportan, se tornan en timoratos finales ilógicos en cuanto se enturbian por el instinto primario que los funde sin que apenas opongan resistencia. Eso si no está por medio el costumbrismo, que como es sabido arrasa con los buenos preceptos, no me equivocaría si afirmara que el costumbrismo es un arma de aniquilación masiva de buenas voluntades, e incluso en algunos casos un intenso nublador de la inteligencia.

Una vez que ya he mezclado el costumbrismo con la incoherencia -que justifica el oxÍmoron de título de esta entrada-, no me queda más remedio que hablar de aquellos que además de no parar de predicar con el ejemplo ajeno hasta la náusea, se esfuerzan en transmitir públicamente disparates y son capaces de publicarlos - nadie sabe porque extrañas razones ni a través de que burdos ardides- en medios de comunicación complacientes ávidos de encontrar estupendos representantes de la caspa pescatera. Estos iluminados, armados de su aplastante incongruencia, se vienen arriba cuando el plumilla de turno cae por sus pagos o cuando un director les ofrece un hueco que rellenar en su hoja parroquial.

Creyéndose capaces de amedrentar a la pérfida administración con sus soflamas y en la seguridad de que su discordante discurso hará de banderín de enganche en su idealizado colectivo, su incapacidad es tan notoria que raro es el párrafo en el que no se desdicen o transmiten ideas confusas y contradictorias. Sería éste un acontecido irrisorio si no fuera porque todavía quedan incautos a los que les pueda impresionar leerlos en medios que se suponen serios, pero no debemos olvidar que a los que dirigen sus proclamas son portadores de valores aún más exacerbados, más incluso que el los de los propios predicadores que, en su condescendiente equilibrio, en una mano sujetan la zanahoria y en la otra la estaca con la que arrean al incauto que cae en el enredo de su discurso. Lástima que de poco les sirva este esfuerzo divulgador porque entre las facultades de sus fieles no está la de leer más de dos párrafos seguidos y, para los que ya han detectado la jugada, su lírica se transforma en comedia.

Buenas noches grupo.