domingo, 9 de abril de 2017

El hombre y el agua. Serie Fauna Ibérica. El Cestero de río

El Cestero de río. Cesterus veratus.

Ya Miguel de Unamuno citó a este raro endemismo extremeño en su breve libro de viajes: “Por tierras de Portugal y España” (1911) aunque en posteriores ediciones suprimió su descripción ante la persecución que sufrió a cantazo limpio por parte de estos salvajes relictos del Homo erectus. El Cestero de río es un homínido curioso que se pasea con parsimonia por las gargantas de las sierras de la cara sur del sistema Central, con la boca muda de saludos y un cigarrito en los labios para evitar hacer cumplidos de cortesía a otras especies de la fauna local.

Gusta de llevar larga caña cebera de longitud indeterminada pero siempre por encima de seis metros a modo de lanza en ristre quijotina y una lombricera de esparto atada a la cintura donde esconde cuarto de kilo de animalitos alargados, blandos y sonrosados que ensarta en un anzuelo con un buen arponcillo que suele lubricar con su propio esmegma, ritual ancestral que realiza cada comienzo de jornada ante la creencia de que penetra mejor la dura quijada de las truchas. Dichos anélidos oligoquetos son recolectados en zonas efluentes de aguas ponzoñosas o en prados húmedos y bien excrementados, por lo que no es raro poderlos localizar en los alrededores de sitios inmundos. El Cestero de río denomina a este peculiar cebo como “lumbrí” aunque también se ha detectado que recolecta larvas acuáticas de diversos insectos bajo las piedras que él denomina genéricamente “husarapa”. Autores de la talla del profesor Rober To Prieto aseguran que existen poblaciones de este homínido distribuidas en pequeñas poblaciones diseminadas por toda la península considerando la amplia nomenclatura científica que aparece en los tratados sobre esta especie: Cesterus Energúmenus, Cesterus aniquilator o Cesterus fritanguis, aseguran que están emparentados entre sí aunque cada uno mantiene sus características locales, en la creencia científica de que se ha estudiado poco esta especie, su departameneto universitario (UwM) está preparando una campaña de estudio durante sus eclosiones primaverales por los ríos, ya que el resto del año es muy extraña su observación de campo. Para los especímenes endemicos objeto de este artículo su principal particularidad es que la cesta sea de mimbre renegrida y que aparente que caben dentro de cinco a siete kilos de truchas de todos los tamaños, a ser posible gordas, pero tampoco desprecia las menudas, los barbos, las bogas, los cachuelos o las ranas.

De complexión recia y aspecto enjuto y cetrino, su función en los ecosistemas es la de exterminar de forma sistemática las truchas autóctonas, ya que en su inconsciente atávico sueña con el día en el que las gargantas que bajan del Padre Almanzor se llenen de truchas repobladas de tres o cuatro kilos cada una. Una de las características de su comportamiento es que gusta de adornar las orillas de objetos brillantes como latas vacías de cerveza, colillas de rubio y gurruños de papel de aluminio tras devorar el bocadillo choricero picante. Se supone que este tipo de alimentación a pie de río les provoca la necesidad de evacuar de cuando en cuando mojones de un diámetro excesivo que, a decir de algunos etnozoólogos especialistas en dilataciones esfinterinas o churretes coliteros, adorna con pedazos de papel higiénico alrededor a modo de reclamo o trampa combinatoria entre lo brillante y lo escatológico, que algunos expertos (Dr. J. de Lomo et al.) han relacionado con marcas territoriales. Después de observar una clara recesión en el número de ejemplares a finales del siglo pasado y principios de éste el  equipo de la Dr. de Lomo se aventuró a pronosticar que la especie se exterminaría irremediablemente, pero parece ser muy resistente a las enfermedades conservacionistas y a todo tipo de pestes modernas (Sistema Soplapollae, primera edición 1995). Algunas investigaciones recientes realizadas por la University of Columbia en colaboración con el departamento de antropobiología de la Universidad de west Membrilla (campus de Brazatortas), explican que su alimentación exclusivamente piscívora complementada con níscalos y espárragos trigueros les hace inmunes a la sensibilidad, la higiene mental y la epidemia causada por el hongo “catch and reléase” procedente del continente americano y que tantos cesteros se llevó por delante.

El Cesterus veratus -como he mencionado- es un endemismo de homo erectus que congrega a no pocos observadores paleoantropológicos prismáticos en ristre que observan su deambular por la orilla de las gargantas veratas. Uno de ellos, el afamado paleantropólogo mexicano Dr. Maximiliano del Horto, se aventuró a capturar varios ejemplares de esta especie y los mantuvo en cautividad durante varios meses enjaulados en el zoológico de Solanilla del Tamaral mientras desarrollaba sus investigaciones como profesor adjunto en el departamento de etnoantropología de la Universidad de west Membrilla (campus de Brazatortas) en la década de los ’90 del siglo pasado, tratando en laboratorios de máxima seguridad de extirparles el cesto de la cadera utilizando microcirugía laser y electroshock con resultado de muerte por rabia para todos los especímenes. El citado especialista se haya en la actualidad inoculando esporas debilitadas del hongo "catch and reléase" a diferentes variedades de anélidos autóctonos que luego suelta en los lugares adecuados con la esperanza de que el Cestero de río abandone la grosera costumbre de matar truchas. Pero los resultados no son esperanzadores. Su asilvestramiento hace recomendable que los otros pescadores mantengan una prudente distancia de entre cien y doscientos metros de los puntos donde lanza su larguísima caña y su famosa “lumbrí” con anzuelo empozoñado de esmegma y estén atentos a cualquier señal que realicen fuera de la normalidad para poder resguardarse en zonas seguras.

Catalogada como “Especie en peligro de implosión” en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, mantiene a los investigadores expectantes ante la evolución de sus poblaciones.

domingo, 2 de abril de 2017

ανόητοςφοβία

Noto que pasan varios días hasta que se elimina de mi cara el rictus de perplejidad que, como huella de la ignominia, dejan las intervenciones de aquéllos desdichados que han elegido el camino para el que la naturaleza no les ha concedido el talento necesario.

Y no hablo de pescar, ya que esta actividad la puede hacer cualquiera que no tenga sus capacidades demasiado mermadas,  haya aprendido a perpetrar la imitación de una mosca con unos pelos y unas plumas -o con unos gramos de wolframio- sobre un anzuelo  y luego la sepa echar al agua de forma más o menos torpe.

Me refiero al juego de sensaciones que emana de una actividad asaz simple, cotidiana, común y ancestral como se torna sacar un pez del agua y a la incontinencia que provoca en los que se han sentido iluminados por un rayo de creatividad que no les ha tocado y del que ni tan siquiera han visto su penumbra a lo lejos.

Son multitudinarias las manifestaciones artísticas relacionadas con la pesca, representadas casi todas al albur de artes clásicas como las literarias, musicales o pictóricas; ya que han sido pocos los virtuosos que han querido reflejar en soporte audiovisual las consecuencias de su apasionamiento y además bastantes menos los que han conseguido transmitirlo. Es más, en muchas ocasiones estas manifestaciones se han reducido en tratados técnicos sin que se les pueda otorgar categoría artística.

El no querer asumir las limitaciones intelectuales y las carencias formativas, y mostrarlas públicamente, seguramente sea un pecado grave, aunque quizá sea consecuente ya que al fin y al cabo cada uno se impele a rendir las cuentas que su ego le demanda. Pero la ofensa a la inteligencia a la que nos someten constantemente estos iluminados de la pesca en forma de agresiones literarias, en los que una hipotética policía de la RAE les detendría -si eso fuese posible- y otro hipotético tribunal de la misma institución les condenaría a volver al parvulario y repetir toda la enseñanza primaria, no se les puede perdonar.

Por otro lado imploro a la Academia de Cine a que deje claro, a través de algún manifiesto público, que cualquier engendro reflejado en soporte audiovisual no es una película ni, por supuesto, tampoco es cine por mucho que lo afirme su autor. Lo mismo que una redacción de un alumno de primaria no es literatura y unos garabatos de un niño no es una obra pictórica (aunque seguramente tengan más mérito, estilo y clase que mucho de lo que se lee, se escucha y se ve por la blogosfera y las redes sociales que la publicitan).

No sería cabal realizar una crítica tan áspera sin ofrecer alternativas para no desaprovechar los grandes caudales de voluntad que exponen estos personajes. La fotografía es un arte que en muchísimas ocasiones queda ocultado tras la técnica y las amplias posibilidades tecnológicas actuales, es económica y no lleva mucho tiempo consumirla ni realizarla. Ahora cualquiera puede ser un buen fotógrafo, ¿no os habéis dado cuenta?

domingo, 26 de marzo de 2017

El hombre y el agua. Serie fauna ibérica. El Fotógrafo de río.

El Fotógrafo de río, Nikonatrix fariomortis

El Fotógrafo de río (Petulanteus, 1995), es un reptil relativamente abundante en el norte peninsular, encontrándose dos poblaciones perfectamente diferenciadas y determinadas como subespecies (Toprieto et al, 2005). Nikonatrix fariomortis salarcaput, en toda la cornisa cantábrica y Nikonatrix fariomortis exoscaput en la zona del bajo Pirineo. 

Taxonomía
Reptil extensamente descrito por El Mosquero Petulante en su obra “Systema soplapollae” de 1995, y que como otras muchas especies ibéricas, aún conserva su nombre binomial original.

Descripción
Esta serpiente de agua, catalogada dentro de la familia mortuusrectae, posee un cuerpo alargado, escamoso y carente de extremidades útiles y, a pesar de su cola corta, tiene una gran habilidad para desplazarse por los ríos de la fachada norte peninsular. Su coloración es muy variada, generalmente olivácea o marrón amarillenta, también puede ser rojiza o azulada pero siempre en forma de camisa de cuadros (el color es cambiante en función del valle en el que habita) y gorra a juego.

Se caracteriza por llevar consigo abundante material audiovisual y fotográfico mientras pescan. Son increibles cazadores de imágenes con las que son capaces de saturar las redes sociales: auto-fotos, fotos de otros de su misma especie; muchas fotos del mismo pez fuera del agua en muchas posturas distintas y que inteligentemente publican en periodos de tiempo muy espaciados para que parezcan diferentes ejemplares, algunos autores (Dra. J. de Lomo et al 2014) teorizan sobre la posibilidad de que, a través de las imágenes obtenidas, roben el alma de sus víctimas y éstas vaguen eternamente por las redes sociales. Son inclementes y dramatizan notablemente cualquier captura en forma de relatos épicos y escenas heróicas, muy empalagosas, adornadas y recargadas de adjetivos, simulando relatos homéricos.

El profesor Raposero y el famoso herpetólogo escocés, Dr. Trevor Mc Ario, determinaron en 2006 las pautas de conducta comunes entre todos los individuos estudiados en diferentes valles cantábricos y pirenaicos:
  • Se comunican y retroalimentan entre ellos a base de terminología “spanglish”, mucho postureo y el reflejo de sus gafas polarizadas.
  • Suelen acabar involuntariamente con la vida de los peces que fotografían porque los retornan al agua sin un hálito de agua en sus branquias.
  • Se adornan, para obtener cierto carisma y sintomático misterio, con objetos innecesarios y gorras serigrafiadas con marcas bien visibles.
  • Su ego extremo y sentido desarrollado del exhibicionismo les impide cualquier atisbo de autocrítica y sentimiento de culpabilidad, llegando en muchas ocasiones a caer en el cinismo más absoluto.
  • Autocomplacencia, narcisismo y presuntuosidad exacerbantes que, aún sabiéndolo, les llevan a relatar sus hazañas aunque al resto de las especies se las traiga floja.
Estudio etológicos de la especie realizados en 2010 (Raposero et al), indican que durante los meses de invierno, su librea se vuelve gris y melancólica, realizando un mimetismo mülleriano con la Lanceta graznadora (Egolastro casterus), especie con la cual convive, comparte hábitat y comportamiento, llegando a una relación simbiótica muy peculiar, que se vuelve inestable en cuanto finaliza la estación fría.

Con el inicio de la primavera, realiza numerosos desplazamientos por la meseta norte peninsular, desarrollando su actividad tanto en zonas de montaña como en los cursos de llanura. En estos parajes se rodea de especies de niveles inferiores en la pirámide ecológica a las que depreda gracias al aturdimiento que en ellas produce la cháchara incomprensible del relato de sus hazañas y el deslumbramiento de las bolas de tungsteno de sus perdigones, a los que no dudan en acudir en pos de obtener alguna de las fotografías de las que se alimentan y alimentan su mito.

Especie peligrosa y beligerante si es molestada, es cada vez más abundante y frecuente en algunos ríos cantábricos. Es fácil localizar su presencia debido a lo visible de su librea y a la facilidad que tiene para indicar a las demás especies fluviales lo que deben o no hacer, a pesar de haber demostrado que en ocasiones comenten grandes errores en conceptos muy básicos. Muy territoriales, suelen tener frecuentes enfrentamientos con el Cenutrio de río (Lutra casposa), con encarnizadas y espectaculares luchas, dentro y fuera de las redes sociales.

Catalogada como “Especie en peligro de expansión” en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.

domingo, 5 de marzo de 2017

La vulgaridad

Escribir no debería ser un ejercicio de vulgaridad, lamentablemente encuentro últimamente demasiados personajes en el mundillo de la pesca que se atreven a mancillar tan digna labor. Antes de continuar quiero aclarar al lector que desde la primera frase (que ya habrá leído) y en todas las que siguen a ésta, la acepción que quiero reflejar sobre lo que es vulgar, es la que el DRAE define como “Que es impropio de personas cultas o educadas”.

Hablo de vulgaridad en un acto de contención y también por compendiar, porque la tosquedad, la ordinariez, la grosería, la incorrección, la impertinencia, la trivialidad, la zafiedad, la indelicadeza, la brusquedad, la rudeza, la incultura, el salvajismo, la descortesía, la torpeza, la aspereza, la ineptitud, la impericia, la ignorancia, la desmaña, la inhabilidad, la inutilidad, la indecencia, la descompostura, la intemperancia, la insolencia, la incompetencia, la ignominia y la simpleza van unidas como uvas en el mismo racimo.

Pésimo es cuando esta condición se alía con la osadía y la incontinencia, se publicita y se generaliza por aquello de que si muchos lo hacen no debe ser tan malo, es cuando se cae en la vorágine de mediocridad sistematizada que ataca y arrasa cualquier atisbo de inteligencia. Pero peor es cuando los que no lo son se impelen a ser vulgares para de esta forma aparecer como cercanos y colarnos sibilinamente su doctrina, es sin duda el momento en el que se le intenta dar la puntilla a cualquier librepensador despistado.

Desenmascarar a los falsos vulgares debería ser una tarea cotidiana, pero marcar una frontera entre los dos especímenes se me antoja difícil ya que nos hemos acostumbrado tanto a la sandez que estamos perdiendo la capacidad de asombro. Un ardid que podemos aplicar para diferenciarlos es la cantidad de vergüenza ajena que nos produzcan sus manifestaciones, pero como no existe una medida ponderada para calcularla, mi recomendación es aborrecer tanto a unos como a otros, aunque si algún día tenemos la suerte de descubrir a un tapado, procurar sonrojarle la cara, ésto es lo que más les duele.

domingo, 19 de febrero de 2017

La malevolencia extrínseca



La malicia en este blog no está en las ideas que reflejan sus escritos, si no en la interpretación que cada uno hace  de ellas. No niego que hay personajes inspiradores que han servido para estimular mi imaginación a la hora fabular y darles su caracterización, pero cada uno de los que lo leemos vamos identificando a los nuestros a medida que avanzamos en la asimilación de cada texto.

Su escritura y la publicación no deja de ser un juego banal sin más pretensiones que abrir una ventana por la que pueda entrar aire fresco en un ambiente denso y cargado que se ha generado por un estado de ánimo uniforme y anquilosado en la necedad del discurso de una corriente continua; no tiene otro propósito que  intentar  interponer algún accidente en la trayectoria de un río tan aburrido; es fruto de un guión basado en hechos reales o ficticios, pero siempre tamizados por el prisma de un humor, a veces sarcástico, otras irónico y otras sin mucha intención de ser hiriente y, casi siempre, mezclando estas tres cualidades con alguna otra que incluso a mí se me puede escapar.

En la entonación mental del exabrupto, que presumo me dedican habitualmente muchos de mis lectores, está el matiz en la sensación que les producen mis publicaciones, este tono es muy importante porque extrae del lector emociones muy diferentes, comprendiendo un paisaje que abarca desde la ira desbordada a una implícita, tenue y silenciosa complicidad.

Se pueden identificar varios actores en cada una de las entradas que he publicado en mi trayectoria literaria, además del autor que habla en primera persona, están los siguientes personajes y semovientes:


Los aludidos pueden llegar a pensar que existe una cierta intencionalidad perversa hacia ellos en algunas de mis publicaciones, pero prefieren mejorar su estado mental dejando pasar de largo esta posibilidad, si bien es posible que les quede un cierto resquemor que puede tornarse en hilaridad a nada que quieran tener abierta una puerta a la autocrítica.

Los ofendidos tienen una característica común, un ego tan inmenso que se creen participes de todas mis diatribas, aunque les pasen de lejos o sólo les toquen de refilón. Son insaciables en cuanto al consumo de críticas, alimentándose de las laudatorias y despreciando siempre las peyorativas. A fuerza de ser tan sentidos, tienen muchas posibilidades de convertirse en resentidos.

Los ofensores son los que no se ven en personajes descritos sino que los relacionan con aquéllos que pertenecen a su ámbito cercano de conocidos, los pueden asociar jovialmente con amigos,  pero para guardar una cierta salubridad mental tienden siempre a identificar a mis personajes con alguno con el que mantengan una cierta enemistad (suele ser más divertido). Este grupo sabe disfrutar de la lectura sin complicarse más que de tener un cierto posicionamiento empático a través de su interpretación del texto.

Los omitidos, en este apartado caben todos mis lectores: sólo forman parte del resto de categorías aquéllos personajes que quieren participar en la trama de las historias o de las descripciones que narro, pero si alguno no se siente bien en ninguna de las interpretaciones artísticas o incluso si no se siente un personaje, es tan fácil como negarse a representarse o a sentirse representado. Por supuesto que a este grupo pertenecen muchos que no saben que existo y al descubrirme podrían incluirse rápidamente en cualquiera de los otros tres.

domingo, 12 de febrero de 2017

El hombre y el agua. Serie fauna ibérica. El Cormorán competitivo



El Cormorán competitivo (Egolastro omnipraesents)

Estrechamente emparentado con la Lanceta graznadora (Egolastro casterus), durante muchos años se pensó en que se trataba de la misma especie, dado el gran parecido que presentan ambas en su estado juvenil (misma librea y comportamiento social insoportable). Aunque de conductas similares, ocupan nichos muy diferentes y su distribución es en muchos casos antagónica (Petulanteus 2016, Sistema Soplapollae), lo que llevó a la comunidad científica a realizar un análisis taxonómico profundo y así poder diferenciarlas correctamente en las dos especies que hoy conocemos (Raposero et al. Análisis proctológico y taxonómico del Egolastro, 1986).

De comportamiento gregario y muy ruidoso, se reparten en primavera, verano y otoño los tramos medios y altos de los cursos fluviales, desplazando con beligerancia a todas aquellas especies que puedan encontrarse cerca y por los alrededores. Curiosamente en invierno los ejemplares aclimatados que se han hecho residentes, acuden en masa algunos tramos fluviales, lagos, charcos y estanques donde cohabitan sin excesivos problemas con otras especies tanto o más conflictivas que ellos como el Fantasma de río (Intellectum decrescis), el Somormujo influencer (Megapeloto manducatlactis) e incluso el Trilero de río (Caradurus horribilis); y en los que tiene por mayor preocupación ocultar a sus congéneres sus secretos señuelos de pesca. Cabe destacar su extraordinario comportamiento durante esta época en la que mantiene una inusitada actividad en torno a cualquier superficie de agua repoblada que tenga más de una hectárea. El pájaro en cuestión, acecha desde la orilla pastoreando a sus presas de forma tenaz y contumaz, se han visto casos excepcionales (aunque poco documentados) en los que es capaz de desprender feromonas, técnica que no solo utiliza para atraer a las hembras de su propia especie, si no a las presas más grandes del lago.

Jerarquizados como hormigas y agrupados territorialmente envían a los exploradores “gamma” para que marquen los tramos con deyecciones urinarias, heces y plástico de color rojo y blanco, días después y repentinamente llegan los individuos “beta” sedientos de pesca y como bárbaros sin piedad, machacan piedra a piedra, rama a rama y tramo a tramo de todo el curso fluvial, pescando sistemáticamente todos y cada uno de los peces de la zona.

Emiten un graznido muy característico cuando interactúan entre ellos, con un enérgico y ruidoso “cuantasllevararrrrg”. Las bandadas están lideradas cada una por un individuo “alfa” muy competitivos entre ellos, que se van turnando por años dicho liderazgo, pasando a ser "beta de primer nivel" al dejar el puesto dominante. El sistema jerárquico falla más que una escopeta de feria y hay tendencia a que todos los “alfa” y “beta” de primer nivel tengan frecuentes escaramuzas para ostentar así el liderazgo de las bandadas locales e incluso de las bandadas nacionales. Destacar que en ocasiones es tal la lucha intestina, que los “alfa” y “beta” más débiles son desterrados o directamente devorados por la propia bandada (Petulanteus. Etología y federestudios del Egolastro omnipraesents 2014).

En primavera, tras el duro invierno, estos pájaros comienzan sus desplazamientos por el norte peninsular, atacando los ríos de la cornisa cantábrica sin miramientos y escrúpulos antes que el resto de especies lo puedan hacer, iniciando entonces su periplo desde todos los puntos de la geografía peninsular. El Dr. Rober-To Prieto en noviembre de 2013, en su famosa conferencia sobre especies dañinas ibéricas, impartida en los cursos de verano de la Universidad de West Membrilla -campus de Brazatortas-, comparó estos desplazamientos con las incursiones vikingas a través de los ríos peninsulares y como iban sembrando el pánico en las poblaciones de peces, quedando drásticamente amedrentadas durante semanas después de la visita.

En las zonas lacustres de la meseta, existe la subespecie Egolastro omnipraesent patatalis, mucho más desarrollada para la caza ya que ha desarrollado la habilidad de utilizar pequeños tubérculos para engañar a sus presas. Esta subespecie se caracteriza por su mancha amarilla en el pecho y su cortejo nupcial en las planicies cercanas a las charcas, donde prepara la cama con cualquier objeto de colores llamativos, teniendo especial predilección por los tonos brillantes.

Se trata de una de las especies oportunistas más comunes en los ríos y humedales de la mitad norte peninsular, pudiendo llegar en muchos lugares a presentar altas concentraciones que sin duda suponen un peligro para aquellos ecosistemas fluviales que ocupa y coloniza (To Prieto et al. 2005). Diversos estudios científicos y una asociación de pescadores gastro-conservacionista abogan por la necesidad de una reducción en su número para poder devolver el equilibrio al ecosistema.

domingo, 5 de febrero de 2017

El hombre y el agua. Serie fauna ibérica. El Somormujo influencer.

El Somormujo influencer. Megapeloto manducatlactis

El Somormujo influencer (Megapeloto manducatlactis) es un rara avis a la que se la puede localizar durante todo el año en distintos escenarios acuáticos de la mitad norte de la Península ibérica. Posee unas cualidades excepcionales para desarrollar su actividad aduladora y complaciente con el resto de ejemplares de la fauna ibérica aunque, en la latitud más meridional en la que ha sido observado, se han descrito casos de conflictos y enfrentamientos con algún ejemplar de Gordo de río (Fat fluvius morpha gordus), atribuidos por expertos a una competencia en el afán de figurar.

Esta especie destaca además por su canto (quepasahovisteho, visteho!!-quepasahovisteho, visteho!!...) ya que alcanza una gran difusión, también por su gran movilidad que le capacita a desenvolverse en distintos y alejados escenarios de su lugar de nidificación. La naturaleza ha dotado a esta ave de una homocromía estacional que les permite camuflarse en su hábitat cambiante, destacando por el bello color blanco de su plumaje invernal que le proporciona una atención permanente por parte de los observadores de la avifauna. Por contrapartida a los que no prestan atención o restan importancia a sus continuas apariciones en autofotografías, se ven pagados con continuos desplantes y plantones.

Es una especie esencialmente fluvial aunque cuando bajan las temperaturas es muy frecuente localizarle en charcas y pequeños lagos acompañando a otras especies de fauna lacustre, especialmente con el Fantasma de río (Intellectum decrescis) y del Cormorán insaciable (Inanis omnipraesens, al que dedicaré próximamente una entrada), con los que mantiene buenas relaciones sociales y aparece en innumerables fotografías en distintas poses, se pimpla de bebidas espirituosas de origen escocés que suele gorronear y entra en competencia en la captura de los peces y de la mañas ajenas de las que se alimenta, con resultados poco memorables y a veces vergonzantes.

 El etnoantropólogo de la Universidad Pontificia de Matarraña, Dr. Zacarías Raposero, ha mencionado apariciones ocasionales de esta especie en los estudios que compartió con el equipo del eminente Dr. Toprieto (Toprieto et J de Lomo, 2015) sobre el Gordo de río en la zona centro peninsular.  Dando lugar a una confusión taxonómica ya que se llegó a afirmar que se trataba de la aparición de una nueva subespecie dada su amplia movilidad geográfica (hay registros del mismo ejemplar en dos sitios distanciados más de 600 km. en el mismo día), pero un programa de anillamiento pudo solventar la disquisición entre científicos (Petulanteus 2016, Sistema Soplapollae).

Catalogada como “Especie con datos insuficientes” en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN dado que no existe la información adecuada sobre ella para hacer una evaluación de su riesgo de extinción, basándose en la distribución y las tendencias de la población.