Un poco cohibido por el despliegue de elocuencia y erudición que acababa de presenciar, Alvatuk prosiguió:
-Lo que ocurrió es que Azjerotamir se la regaló personalmente al orco Hag-ürug-gil como obsequio y tributo en la celebración de un encuentro de paz y gastronomía entre orcos y hombres en la Laveciyathar, y en el encuentro del año siguiente la mosca en cuestión estaba en una vitrina con un cartel de "Se vende. 15 monedas de oro. Negociables".
-Pues no le estuvo mal empleado, eso le pasa por hacerle la rosca a un orco. Pero bueno, la mosca puede pasar y 15 monedas de oro no es un mal precio -afirmó Gandalpé-. Cuida mucho de que nadie te la quite porque en esa mosca se concentra un gran poder telúrico. Eres la única persona en el mundo que ha comprado una mosca de Azjerotamir. Aunque bien mirado, como el que ha cobrado ha sido el orco, no sé si técnicamente esto cuenta como una venta. Y en último término si le quitas las plumas puedes aprovechar el anzuelo, que parece bueno.
-En realidad no fueron quince monedas de oro -admitió Alvatuk, un poco cabizbajo-. Ese era el precio para los de aquella comarca, pero cuando me vio la pinta de turista me lo subió un poco. Luego me di cuenta de que esas son las prácticas habituales de estos orcos. Tenías que ver las plumas de culo de pollo que estaban encalomando a los forasteros ignorantes, y cómo se descojonaban cuando se lo contaban unos a otros entre jarras de cerveza y lonchas de embutido. Yo creo que otro año deberíais asistir a ese encuentro para saber con quienes os estáis jugando los cuartos. Pero de incógnito y convenientemente disfrazados, que si no es fácil que os traigas puesta una buena somanta.
Mientras la conversación discurría Fcodo no dejaba de mirar a Alvatuk con resentimiento al tiempo que sujetaba en su mano un machete de monte.
-Alvatuk, no creí que fueras tan ruin de haberme quitado mi machete de autoprotección cuando voy por ríos peligrosamente comprometidos.
-Fcodo, vuelvo a sonrojarme ante ti, pero es una de las piezas más preciadas de mi tesoro, en el machete te veo reflejado a tí, a lo que eres y lo mucho que representas para mí.
Emocionados los dos hobbits se abrazaron no sin dejar que alguna lágrima atravesara con cierta dificultad la oronda y dura cara de Fcodo.
-Quédatelo, es tuyo. –Dijo Fcodo visiblemente conturbado-
-Nunca olvidaré este gesto. Siempre lo llevaré conmigo como tú lo has llevado por todos los ríos de la Tierra Media hasta que te lo burle.
-¿Estas moscas tan geométricas de dónde las has sacado Alvatuk?
-Son de Gollumero. Se las levanté hábilmente en una tarde de montaje en el almacén de Xarnegar.
-Pero…
-No me digas nada Fcodo, tienen poderes, cuando las haces girar sobre su eje crean un cono de proporciones perfectas que hace que en las truchas se despierte su instinto depredador más arcano y son capaces de colocarse en las posturas más difíciles del río solo con mirar en donde quieres posarla.
-No me lo puedo creer –respondió Sam que estaba empezando a sopesar la posibilidad de meter todos los tesoros en su bolsa amarilla-
-Tú es que no has visto pescar a Gollumero. Nadie se explicaba de donde procedía la gran habilidad de la que presume y que muy pocos han visto, y resulta ahora que es de la magia de sus moscas –concluyó Gandalpé-, sin duda es un poder mágico que le otorgó el Gran Mago Negro Saurancho.
-Pues va a ser eso o que miente más que habla –dijo Jumberimir-; de todas formas a Gollumero sólo lo han visto pescar los más íntimos que han sido invitados al Loz-oyämith; sólo él tiene la llave mágica forjada por los enanos del valle que abre las puertas de los pasos de Rascugfriag.
-¿Y esa ninfa tan gorda? -preguntó de nuevo Jumberimir-.
-Se la robé a un hombre-orco en Astur-natur en la batalla de Lafigalien, solo sé que se llama “porlachaqueta”.
-No, no digo ésa, me refiero a ésa otra tan gordísima y extraña – dijo Jumberimir señalando a un engendro montado en un anzuelo triple del 4-.
-Eso no es una ninfa Jumberimir, es un artefacto al que llaman risco, que usan los orcos de Galithornmtih para descogotar reos por la noche. La pude recoger de un árbol en el Eo-haradüll mientras vimos pescando a los orcos de Urugluis-piagür. Uno de ellos se lo había dejado enganchado de una rama.
-¿Y esto? –preguntó Bermundapesca-. ¿Esa es la famosa línea aserranillas de la que tanto hablan?
-La misma, está hecha de Dacronium, un material más duro que el mismísimo Rhitmyl. Es el único objeto que he comprado. Me la vendió un orco bajito y gordo llamado Gloin-rojo que llevaba un váder mixto, mitad de pescador, mitad de pocero, con unas katiuscas pegadas con Sikaflex. No penséis que fue fácil hacerme con él. Antes de poder alcanzar un acuerdo en el precio, me sometió a fuerte presión psicológica para poder así negociar un acuerdo provechoso para él. Primero te aturdía con su cháchara incompresible, y luego te colocaba la línea.
-¡¡ Basta !! No quiero recordar más a Gloin-rojo – dijo Fcodo torciendo el gesto-. Aún recuerdo su traición en los pasos de Tajordarhüll. Es un traidor que se viste con ropajes de caballero. Ambos nos tratábamos de “maese” y “vuecencia” en élfico antiguo, pero detrás de su fina voz y su exquisita educación se encontraba un auténtico traidor que cayó en las redes del pérfido Saurancho.
Ante semejante exabrupto todos quedaron en silencio, hasta que por fin de entre sus ropajes Alvatuk sacó las gafas de culovaso, que estaban hechas de Rhitmyl, según se relata en la Canción de Valadür. Allí se narra cómo fueron fabricadas con este mineral que extrajeron los Reyes Enanos en el reinado Flöyn de las entrañas de la tierra en las minas de Constanmoria y que cuando la luz del sol incide sobre ellas desvían el rayo y hacen que el epoxy de los perdigones solidifique sin necesidad de darle con una linterna de luz azul de los chinos.
-Estas gafas las llevo siempre conmigo por el valor intrínseco, absoluto y taxativo que poseen –dijo Alvatuk-. Sé que su pérdida puede desencadenar un tiempo oscuro en el que los orcos descogotadores y las fuerzas oscuras de Saurancho tomen el control absoluto de la Tierra Media extendiéndose desde el norte en Galithornmtih y se oscurecerán los páramos de Al-carria-narüll hasta Astur-natur y desde Cuen-cadur hasta Cáce-resrhin.
Todos las contemplaron con admiración y un respeto no exento de temor por la responsabilidad que suponía ser sus portadores, pues eran conscientes del riesgo que entrañaba su pérdida y que cayeran en manos de los esbirros de Saurancho.
Sam rompió el silencio.
-Extraño lugar ese Cuen-cadur. Me han dicho que allí hay mucha basura.
-Cierto –respondió Fcodo-. Allí di yo mis primeros pasos como caballero mosquero. En la escuela de pesca de Uñaradhürl un noble mosquero de los de pluma en el sombrero me enseñó los rudimentos de las artes de la pesca a mosca. Ciertamente Cuen-cadur fue fragua de grandes mosqueros. El propio Val-Erielrond dejó los posos de su sabiduría también allí entre lances a las arco-iris del Vill-al-barthur y mojadas en las gachas que preparaba el cocinero del chiringo que allí había por entonces.
-¡¡¡El noble Val-Erielrond pescando arco iris en un intensivo!!! –se sorprendió Sam Bolsabás-.
-Sí mi querido Sam. Eran otros tiempos en lo que lo importante era fraguar una fuerte hermandad mosquera, aunque lo que se pescara fuera recién echao de la cuba del camión cisterna –dijo Fcodo mirando al horizonte con la vista perdida en un punto de la lejanía como quien intenta apresar en la memoria los recuerdos pasados-. Allí los antiguos caballeros mosqueros se juntaban a enseñarnos a los jóvenes sus secretos, y por un módico precio, nos enseñaban lo buenos que ellos eran pescando.
-¿Aprendiste mucho allí, Fcodo? -preguntó Bermudapesca mientras zurcía un siete que se le habían hecho a las bermudas de palmeras con los tojos del monte-.
-Ni hostias, pero lo importante era imbuirse del espíritu mosquero que nos transmitían los maestros y que ellos ganaran dinero trasmitiéndonos ese espíritu a los jóvenes aprendices– dijo Fcodo mientras haciendo un gesto se lleva el puño al pecho que el resto de la compañía no supo cómo interpretar, si como un gesto de recuerdo y agradecimiento a los viejos maestros, o como un gesto de echarse la mano al bolsillo de la chaqueta para recordar lo aligerada que quedaba la cartera de billetes tras haberles pagado a éstos-. Pero ahora todo ha cambiado -continuó Fcodo -. Ahora, allí, en las tierras sagradas de Cuen-cadur los orcos descogotadores perdonan la vida a las truchas arcoíris y los montaraces piden matar a las comunes. Me gustaría darles un repasito a estos orcos que sólo piensan en pescar truchas de caldero y además quieren que les duren eternamente, y por supuesto también a esos insaciables montaraces que tiene los ríos yermos de xanas en una zona que otrora fue paraíso de la pesca.
-Pues yo no entiendo por qué un coto intensivo os resulta tan malo –espetó Jumberimir un poco exaltado -eso sí, si estuviera bien gestionado.
-Lo que tú quieres es que cuando saques el permiso del intensivo te digan dónde acaban de soltar tu docenita y media de truchas –intervino Fcodo sin darle tiempo a intervenir a Gandalpé en evidente tono de reproche-.
-Fcodo, tu forma de responder es la habitual de quien no está interesado en la mantener una buena discusión. Exacerbas los argumentos y además pareces disfrutar haciéndolo – respondió Jumberimir, manifiestamente violentado por el comentario de Fcodo-
-Pues tú….
-¡¡¡Está bien, callad ya insensatos!!! –ordenó Gandalpé tajantemente -. Reservad vuestras fuerzas para enfrentaros a los orcos de Urugluis-piagür y a los esbirros de Saurancho. Ya es hora de dormir. Alvatuk, guarda tus tesoros y descansemos que mañana será otro día muy largo.
domingo, 16 de agosto de 2015
domingo, 9 de agosto de 2015
El Señor de los Perdigones. Capítulo 10
Nuestros protagonistas acamparon junto a un camino, al lado de un prado que hacía límite con el monte cerrado de eucaliptos. Encendieron el camping gas para apretarse las buenas viandas que el cocinero no dejaba de proporcionarles, y ya con la panza llena, Fcodo se recostó en una piedra y comenzó a hablar.
-Alvatuk, todos sabemos que las gafas que encontraste en el puente de Umbralejaihr son tu prenda más preciada, cuídate mucho de ellas porque son importantes para que el perdigón único no llegue nunca a fraguar. Todos sabemos que llevas esas gafas en tu zurrón, pero además he podido observar a veces cómo hurgabas en él y revolvías entre otros muchos objetos que ahí pareces portar. Con mucha cautela, siempre que lo haces, te cuidas muy bien de no mostrarnos las otras cosas que llevas en él.
-Tienes razón Fcodo, me avergüenzo ante vosotros por desconfiar, ya que no os muestro mis tesoros por temor a que me los trinquéis. También me sonrojo porque sé que llevo objetos que te harán recordar a tus peores enemigos. Son objetos que he ido recogiendo en nuestras aventuras. Pero primero déjame saborear esos torreznos, que si me distraigo no dejáis ni uno.
Después de degustar ricas pitanzas en el monte, Alvatuk volcó sobre una roca plana todo el contenido de su zurrón al tiempo que todos acudían alrededor esperando el relato de la obtención de tan preciados objetos.
-Es una colección impresionante Alvatuk -dijo Gandalpé-. Me llama mucho la atención esta mosca montada al estilo tradicional de los elfos.
-No es raro que te impresione la mosca, su reflejo áureo denota que está montada sobre un anzuelo forjado con Rhitmyl, el metal que los enanos extraen de las minas de Constanmoria. La mano que la montó es la de un estudioso de las técnicas arcanas. Lleva las vueltas justas de hilo, y es de admirar la lisura del cuerpo y la armoniosa combinación de texturas y colores. Es la obra de un maestro.
-¡¡¡Por Valinor!!! –gritó Fcodo entusiasmado -. Una obra maestra del gran mago del montaje Azjerotamir. No hay en la Tierra Media un maestro tan respetable para mí. Sólo él y yo mismo, hemos trascendido las fronteras y nuestros montajes son conocidos allende los mares. Admiro profundamente a Azjerotamir.
-Ya, pero no deja de ser una mosca de salmón – espetó Sam-. Y a mí me parece un poco cabezona. Yo creo que navega torcida.
-Su valor no está solo en la genialidad del montaje ni en su efectividad en la pesca. Su verdadero valor es que se la arrebaté en desigual combate al mismísimo orco Hag-ürug-gil
-Pero qué nos estás diciendo Alvatuk, si tiene marcado un precio de 15 monedas de oro. -Dijo Jumberimir mientras la miraba sosteniéndola con sus manos -Mira la etiqueta.
-Eso es un detalle sin importancia. Lo bueno es su historia, que pude escuchar de la boca del mismísimo Mago Azul Gügardosul mientras disfrutábamos de una sesión de montaje de bétidos con cercos caídos en el almacén de Xarnegar. Esta mosca procede del famoso viajero Azjerotamir, que emprendió una larga travesía, junto con los hombres del norte, hacia las islas del estaño para completar sus estudios de astronomía. Y por el camino se hartó de la astronomía y le dio por copiar las moscas que los montaraces de las verdes tierras de Astur-natur, que ataban con maestría y con materiales de lo más variopinto que les proporcionaban las hadas seductoras y cuyas técnicas heredaron del inmortal Belarmiruk.
-He oído algo de esos materiales especiales, -dijo Gandalfpé con una sonrisa enigmática-. Y también conozco la historia de Azjerotamir. Un tipo interesante, que escribía crónicas detalladas de sus andanzas y se vanagloriaba de que nunca había vendido una mosca a nadie que la fuera a usar para descogotar un pez. Lo cierto es que tengo entendido que jamás vendió una mosca, pero porque nunca nadie se la quiso comprar. Son historias confusas en las que las distintas fuentes se contradicen, aunque siempre nos quedan sus crónicas para intentar rastrear la verdad. Lo que pasa es que, en lo referente a la pesca, estos cronistas mienten más que hablan. El rellenar un pergamino tras otro para satisfacer la insaciable demanda de historias para alimentar estómagos agradecidos es una tarea agotadora, y a los pobres juntaletras se les acaban los temas.
Según hablaba Gandalfpé, Fcodo se iba poniendo colorado por momentos, hasta que estalló.
-No compadezcas a esos malvados. Por su afán de protagonismo hordas de desnuca-pintonas han invadido nuestros más recónditos y secretos santuarios desde que los publicaron en sus pergaminos. Cómo es posible que nuestro río padre y alguno de sus ríos hijos y sobrinos hayan servido para el lucro personal de seres tan impresentables, que además se creen vacas sagradas. Y no cabe duda de que sustraen lectores a los auténticos artistas como yo mismo, que combinamos un estilo asaz grácil y personal, casi sin faltas de ortografía, que nunca descubrimos los recónditos sitios de pesca y que poseemos un inagotable caudal de conocimientos ininteligibles y una intachable ética mosquera. Mis escritos son brillantes y originales, aunque como bien sabéis, nunca lo son a la vez.
-No me malinterpretes, que yo no los compadezco -respondió Gandalfpé -. Me sorprende comprobar cómo repiten una y otra vez lo mismo; será que las buenas ideas escasean. Estoy seguro de que nuestra descomunal y singular aventura les servirá de fuente de inspiración, y alimentará nuevos relatos épicos que perdurarán por generaciones. A ver si así dejan de copiar a los extranjeros, que ya huele.... Pero no nos desviemos del tema. Estábamos con la historia de la mosca de salmón.
-Alvatuk, todos sabemos que las gafas que encontraste en el puente de Umbralejaihr son tu prenda más preciada, cuídate mucho de ellas porque son importantes para que el perdigón único no llegue nunca a fraguar. Todos sabemos que llevas esas gafas en tu zurrón, pero además he podido observar a veces cómo hurgabas en él y revolvías entre otros muchos objetos que ahí pareces portar. Con mucha cautela, siempre que lo haces, te cuidas muy bien de no mostrarnos las otras cosas que llevas en él.
-Tienes razón Fcodo, me avergüenzo ante vosotros por desconfiar, ya que no os muestro mis tesoros por temor a que me los trinquéis. También me sonrojo porque sé que llevo objetos que te harán recordar a tus peores enemigos. Son objetos que he ido recogiendo en nuestras aventuras. Pero primero déjame saborear esos torreznos, que si me distraigo no dejáis ni uno.
Después de degustar ricas pitanzas en el monte, Alvatuk volcó sobre una roca plana todo el contenido de su zurrón al tiempo que todos acudían alrededor esperando el relato de la obtención de tan preciados objetos.
-Es una colección impresionante Alvatuk -dijo Gandalpé-. Me llama mucho la atención esta mosca montada al estilo tradicional de los elfos.
-No es raro que te impresione la mosca, su reflejo áureo denota que está montada sobre un anzuelo forjado con Rhitmyl, el metal que los enanos extraen de las minas de Constanmoria. La mano que la montó es la de un estudioso de las técnicas arcanas. Lleva las vueltas justas de hilo, y es de admirar la lisura del cuerpo y la armoniosa combinación de texturas y colores. Es la obra de un maestro.
-¡¡¡Por Valinor!!! –gritó Fcodo entusiasmado -. Una obra maestra del gran mago del montaje Azjerotamir. No hay en la Tierra Media un maestro tan respetable para mí. Sólo él y yo mismo, hemos trascendido las fronteras y nuestros montajes son conocidos allende los mares. Admiro profundamente a Azjerotamir.
-Ya, pero no deja de ser una mosca de salmón – espetó Sam-. Y a mí me parece un poco cabezona. Yo creo que navega torcida.
-Su valor no está solo en la genialidad del montaje ni en su efectividad en la pesca. Su verdadero valor es que se la arrebaté en desigual combate al mismísimo orco Hag-ürug-gil
-Pero qué nos estás diciendo Alvatuk, si tiene marcado un precio de 15 monedas de oro. -Dijo Jumberimir mientras la miraba sosteniéndola con sus manos -Mira la etiqueta.
-Eso es un detalle sin importancia. Lo bueno es su historia, que pude escuchar de la boca del mismísimo Mago Azul Gügardosul mientras disfrutábamos de una sesión de montaje de bétidos con cercos caídos en el almacén de Xarnegar. Esta mosca procede del famoso viajero Azjerotamir, que emprendió una larga travesía, junto con los hombres del norte, hacia las islas del estaño para completar sus estudios de astronomía. Y por el camino se hartó de la astronomía y le dio por copiar las moscas que los montaraces de las verdes tierras de Astur-natur, que ataban con maestría y con materiales de lo más variopinto que les proporcionaban las hadas seductoras y cuyas técnicas heredaron del inmortal Belarmiruk.
-He oído algo de esos materiales especiales, -dijo Gandalfpé con una sonrisa enigmática-. Y también conozco la historia de Azjerotamir. Un tipo interesante, que escribía crónicas detalladas de sus andanzas y se vanagloriaba de que nunca había vendido una mosca a nadie que la fuera a usar para descogotar un pez. Lo cierto es que tengo entendido que jamás vendió una mosca, pero porque nunca nadie se la quiso comprar. Son historias confusas en las que las distintas fuentes se contradicen, aunque siempre nos quedan sus crónicas para intentar rastrear la verdad. Lo que pasa es que, en lo referente a la pesca, estos cronistas mienten más que hablan. El rellenar un pergamino tras otro para satisfacer la insaciable demanda de historias para alimentar estómagos agradecidos es una tarea agotadora, y a los pobres juntaletras se les acaban los temas.
Según hablaba Gandalfpé, Fcodo se iba poniendo colorado por momentos, hasta que estalló.
-No compadezcas a esos malvados. Por su afán de protagonismo hordas de desnuca-pintonas han invadido nuestros más recónditos y secretos santuarios desde que los publicaron en sus pergaminos. Cómo es posible que nuestro río padre y alguno de sus ríos hijos y sobrinos hayan servido para el lucro personal de seres tan impresentables, que además se creen vacas sagradas. Y no cabe duda de que sustraen lectores a los auténticos artistas como yo mismo, que combinamos un estilo asaz grácil y personal, casi sin faltas de ortografía, que nunca descubrimos los recónditos sitios de pesca y que poseemos un inagotable caudal de conocimientos ininteligibles y una intachable ética mosquera. Mis escritos son brillantes y originales, aunque como bien sabéis, nunca lo son a la vez.
-No me malinterpretes, que yo no los compadezco -respondió Gandalfpé -. Me sorprende comprobar cómo repiten una y otra vez lo mismo; será que las buenas ideas escasean. Estoy seguro de que nuestra descomunal y singular aventura les servirá de fuente de inspiración, y alimentará nuevos relatos épicos que perdurarán por generaciones. A ver si así dejan de copiar a los extranjeros, que ya huele.... Pero no nos desviemos del tema. Estábamos con la historia de la mosca de salmón.
domingo, 2 de agosto de 2015
El Señor de los Perdigones. Capítulo 9
- Este olor a eucalipto no deja lugar a dudas- dijo Gandalfpé- estamos en tierras de Lug-orgull. Hemos cruzado el paso del Eo-haradüll sanos y salvos.
- Todavía me tiemblan las piernas cada vez que recuerdo cómo los orcos-escogotadores de la frontera del Eo-haradüll santiguaban a los salmones que sacaban. Qué espectáculo tan dantesco –dijo Bermudapesca aún tembloroso-.
- Qué coño te van a temblar las piernas por eso. Te tiemblan porque a nadie más que a ti se le ocurre cruzar el Eo-haradüll con las bermudas. ¡¡¡ Qué estás helaoooo !!! –dijo Gandalpé en tono de reproche a Bermudapesca mientras éste, con lo labios amoratados no paraba de tiritar-.
Esos orcos-escogotadores de la frontera –continuó Gandalfpé- son un híbrido entre la raza de Astur-natur y la raza de Galithornmtih. Son los orcos-escogotadores uru-hai. Tienen lo peor de cada tierra. Son sanguinarios y grampinan hasta a los muiles. Su lider es el orco defensor de la pesca tradicional, Urugluis-piagür. Es un orco horrendo de cabellera negra y ensortijada, mirada extraviada y largas manos con las que lo mismo le da escogotar reos y salmones que escribir panfletos infumables en defensa de todo lo que sea matar peces, eso sí, a la forma tradicional.
- ¿No es ése el que está a hostias con Barmarkbol y se ensaña con el elfo Hervellerair? – preguntó Fcodo-.
- El mismo – respondió Gandalfpé-.
- Años ha me relató de él y de sus tropelías mi viejo amigo montaraz de Al-carria-narüll, el que monta moscas mu feas con las pelos más alborotaos que una gallina matá a escobazos. Él es buen amigo de Barmarkbol que a su vez le contó las batallas libradas contra Urugluis-piagür –dijo Fcodo-.
- Pues entonces ya sabrás de su crueldad – continuó Gandalfpé-. Sus hordas le obedecen ciegamente y hacen lucir en sus yelmos y corazas las armas de su señor con un lema grabado a fuego que los identifica…
- Yo sé mucho de lemas –interrumpió intempestivamente Sam-. ¿Cuál es?: “Omnibus enim mobilior est sapientia” ¿o?, “Ad extremum tempus die”, ¿o quizás? “Ad aendum quo nemo ante iit”…
- Fcdo, ya te dije que este muchacho es falto, ¿no?- dijo Gandalfpé visiblemente molesto-.
- No, no, maestro…digo Gandalfpé, no le subestime. Ahí donde le ve, además de un gran astrofísico es un gran latinista, de ahí que se haya interesado por el lema de las armas de los orcos-escogotadores uru-hai de Urugluis-piagür.
- Sí, además soy un gran astrofísico como ha dicho Fcodo –espetó Sam Bolsabás-. Pregunta, pregunta sin miedo, ¿no ves que llevo un palillo en la boca? De piedra te has quedao, ¿eh?... –dijo Sam mientras se limpiaba las manos en la bolsa de basura amarilla que le colgaba del cinturón del váder en evidente gesto de autosuficiencia- .
- Lo dicho, ay madre… En fin dejémoslo –dijo Gandalfpé-. El lema que llevan grabado a fuego en sus armas es: “parva sapidiores sunt“, lo que viene a ser “las pequeñas son las más ricas”-dijo Gandalfpé, en tono solemne a la vez que tétrico-
- ¡¡Es horrible, se comen a los alevines de maese pintona!!. ¡¡Asesinos malnacidos!! –aulló Fcdo mientras se mordía el labio rechoncho-.
- No malgastes tus fuerzas, amigo Fcodo. Aún nos queda un largo camino hasta llegar a los dominios de Barmakbol en Miñonduir y habremos de reservarnos para eventuales encuentros con las hordas de Urugluis-piagür.
Nuestro amigos de Degustando Ricas Pitanzas por el Monte continuaron por la costa caminando y vieron como las extrañas gentes de las tierra de Galithornmtih lo mismo pescaban a miñoca en los ríos, que lo hacían con unos raros artilugios en los muelles de los puertos por las noches. Allí los habitantes de esta tierra indómita se agolpaban hasta bien entrada la madrugada y lanzaban a las luces unos raros peces artificiales con los que sacaban extrañas criaturas del mar mientras discutían entre ellos a voz en grito en una lengua ininteligible para nuestros amigos.
- Eu chegué aquí primeiro, carallo.
- Ay, pero eu foime pra alí solo por un momentiño.
- Xa cruzasme a liña, me cajo no demo…
- Vouche dar duas hostias zalapastrán…
Poco a poco el cocinero se fue acercando movido por la curiosidad.
- ¡¡Sssshhhhh, vámonos, pueden ser peligrosos!! – le dijo mientras se agachaba Jumberimir al cocinero-.
- Es sólo un momento. Quiero ver qué pescan estos extraños hombres y qué artes son las que utilizan –dijo el cocinero acercándose a los pescadores del muelle mientras palpaba las cajas de los rapalas que llevaba escondidos en los bolsillos del chaleco desde que se hizo con ellos en el almacén de Xanergar Bolger-.
Mientras se acercaba pudo ver cómo uno de los hombres traía hacia sí una captura
- Buenas noches tengan Uds.
- Boas…
- Soy el cocinero de la comunidad de Degustando Rica Pitanzas por el Monte. Nuestra comunidad es conocida en toda la Tierra Media y al verles pescar a Uds. me he dicho “vamos a enseñarles algunos trucos de pesca a estos humildes aldeanos. ¿Aquí qué se pesca?.
- O que hai…
- ¿Y pican?
- Cando queren…
- Esos artificiales con los que pescan Uds, ¿son como los rápalas?.
- Sí…
- Pero tienen unos pinchos muy raros, ¿no?.
- Teñen, teñen…
- ¿Y dónde los puedo comprar?.
- Na tenda…
- ¿Son caros?.
- Depende… unos sí , os outros non…
Jumberimir se acercó y se dirigió al cocinero.
- Déjalo, estos extraños hombres no entienden nuestra lengua.
- Me cago en sus muelas, pa'mí que me están chuleando –dijo el cocinero indignado mientras se lo llevaba del brazo Jumberimir-.
Se alejaban y cuando los hombres del muelle ya apenas eran dos puntos en la lejanía, Jumberimir y el cocinero escucharon un grito que provenía de aquellos extraños, reclamando su atención. En el momento que se giraron, uno de ellos se ponía en pie y en un gesto parecido a meterse la mano en el bolsillo vociferaba.
- ¡¡¡¡Eeeeeeeehhh!!!. Vostedes que entendeches do mar, ¿isto que e, choco, polbo o calamar?
Las risotadas de fondo se fueron apagando mientras que Jumberimir y el cocinero se alejaban y se volvieron a reunir con sus amigos de nuevo.
- ¿Has conseguido alguna información? -le preguntó Bermudapesca al cocinero-.
- No –se adelantó a responder Jumberimir-. Yo creo que no entendían nuestro idioma.
- Puede ser –intervino Fcodo-. Yo que soy políglota y que manejo la lengua de los hombres del oeste con la ayuda del traductor de Google, sé lo difícil que es entender y hacerse entender cuando se hablan lenguas distintas. Aunque siempre hay algo que nos une en una gran hermandad con el resto de los mosqueros. Cuando la sangre mosquera corre por tus venas, sobran las palabras –terminó de decir Fcodo en tono solemne mientras achinaba los ojos y cerraba el puño mientras contraía sus deditos cortos y rechonchos en un gesto de inequívoco orgullo-.
- Hemos tenido una larga jornada -interrumpió Gandalfpé-. Acamparemos aquí y mañana continuaremos nuestra marcha para alcanzar los dominios de Barmarkbol.
- Todavía me tiemblan las piernas cada vez que recuerdo cómo los orcos-escogotadores de la frontera del Eo-haradüll santiguaban a los salmones que sacaban. Qué espectáculo tan dantesco –dijo Bermudapesca aún tembloroso-.
- Qué coño te van a temblar las piernas por eso. Te tiemblan porque a nadie más que a ti se le ocurre cruzar el Eo-haradüll con las bermudas. ¡¡¡ Qué estás helaoooo !!! –dijo Gandalpé en tono de reproche a Bermudapesca mientras éste, con lo labios amoratados no paraba de tiritar-.
Esos orcos-escogotadores de la frontera –continuó Gandalfpé- son un híbrido entre la raza de Astur-natur y la raza de Galithornmtih. Son los orcos-escogotadores uru-hai. Tienen lo peor de cada tierra. Son sanguinarios y grampinan hasta a los muiles. Su lider es el orco defensor de la pesca tradicional, Urugluis-piagür. Es un orco horrendo de cabellera negra y ensortijada, mirada extraviada y largas manos con las que lo mismo le da escogotar reos y salmones que escribir panfletos infumables en defensa de todo lo que sea matar peces, eso sí, a la forma tradicional.
- ¿No es ése el que está a hostias con Barmarkbol y se ensaña con el elfo Hervellerair? – preguntó Fcodo-.
- El mismo – respondió Gandalfpé-.
- Años ha me relató de él y de sus tropelías mi viejo amigo montaraz de Al-carria-narüll, el que monta moscas mu feas con las pelos más alborotaos que una gallina matá a escobazos. Él es buen amigo de Barmarkbol que a su vez le contó las batallas libradas contra Urugluis-piagür –dijo Fcodo-.
- Pues entonces ya sabrás de su crueldad – continuó Gandalfpé-. Sus hordas le obedecen ciegamente y hacen lucir en sus yelmos y corazas las armas de su señor con un lema grabado a fuego que los identifica…
- Yo sé mucho de lemas –interrumpió intempestivamente Sam-. ¿Cuál es?: “Omnibus enim mobilior est sapientia” ¿o?, “Ad extremum tempus die”, ¿o quizás? “Ad aendum quo nemo ante iit”…
- Fcdo, ya te dije que este muchacho es falto, ¿no?- dijo Gandalfpé visiblemente molesto-.
- No, no, maestro…digo Gandalfpé, no le subestime. Ahí donde le ve, además de un gran astrofísico es un gran latinista, de ahí que se haya interesado por el lema de las armas de los orcos-escogotadores uru-hai de Urugluis-piagür.
- Sí, además soy un gran astrofísico como ha dicho Fcodo –espetó Sam Bolsabás-. Pregunta, pregunta sin miedo, ¿no ves que llevo un palillo en la boca? De piedra te has quedao, ¿eh?... –dijo Sam mientras se limpiaba las manos en la bolsa de basura amarilla que le colgaba del cinturón del váder en evidente gesto de autosuficiencia- .
- Lo dicho, ay madre… En fin dejémoslo –dijo Gandalfpé-. El lema que llevan grabado a fuego en sus armas es: “parva sapidiores sunt“, lo que viene a ser “las pequeñas son las más ricas”-dijo Gandalfpé, en tono solemne a la vez que tétrico-
- ¡¡Es horrible, se comen a los alevines de maese pintona!!. ¡¡Asesinos malnacidos!! –aulló Fcdo mientras se mordía el labio rechoncho-.
- No malgastes tus fuerzas, amigo Fcodo. Aún nos queda un largo camino hasta llegar a los dominios de Barmakbol en Miñonduir y habremos de reservarnos para eventuales encuentros con las hordas de Urugluis-piagür.
Nuestro amigos de Degustando Ricas Pitanzas por el Monte continuaron por la costa caminando y vieron como las extrañas gentes de las tierra de Galithornmtih lo mismo pescaban a miñoca en los ríos, que lo hacían con unos raros artilugios en los muelles de los puertos por las noches. Allí los habitantes de esta tierra indómita se agolpaban hasta bien entrada la madrugada y lanzaban a las luces unos raros peces artificiales con los que sacaban extrañas criaturas del mar mientras discutían entre ellos a voz en grito en una lengua ininteligible para nuestros amigos.
- Eu chegué aquí primeiro, carallo.
- Ay, pero eu foime pra alí solo por un momentiño.
- Xa cruzasme a liña, me cajo no demo…
- Vouche dar duas hostias zalapastrán…
Poco a poco el cocinero se fue acercando movido por la curiosidad.
- ¡¡Sssshhhhh, vámonos, pueden ser peligrosos!! – le dijo mientras se agachaba Jumberimir al cocinero-.
- Es sólo un momento. Quiero ver qué pescan estos extraños hombres y qué artes son las que utilizan –dijo el cocinero acercándose a los pescadores del muelle mientras palpaba las cajas de los rapalas que llevaba escondidos en los bolsillos del chaleco desde que se hizo con ellos en el almacén de Xanergar Bolger-.
Mientras se acercaba pudo ver cómo uno de los hombres traía hacia sí una captura
- Buenas noches tengan Uds.
- Boas…
- Soy el cocinero de la comunidad de Degustando Rica Pitanzas por el Monte. Nuestra comunidad es conocida en toda la Tierra Media y al verles pescar a Uds. me he dicho “vamos a enseñarles algunos trucos de pesca a estos humildes aldeanos. ¿Aquí qué se pesca?.
- O que hai…
- ¿Y pican?
- Cando queren…
- Esos artificiales con los que pescan Uds, ¿son como los rápalas?.
- Sí…
- Pero tienen unos pinchos muy raros, ¿no?.
- Teñen, teñen…
- ¿Y dónde los puedo comprar?.
- Na tenda…
- ¿Son caros?.
- Depende… unos sí , os outros non…
Jumberimir se acercó y se dirigió al cocinero.
- Déjalo, estos extraños hombres no entienden nuestra lengua.
- Me cago en sus muelas, pa'mí que me están chuleando –dijo el cocinero indignado mientras se lo llevaba del brazo Jumberimir-.
Se alejaban y cuando los hombres del muelle ya apenas eran dos puntos en la lejanía, Jumberimir y el cocinero escucharon un grito que provenía de aquellos extraños, reclamando su atención. En el momento que se giraron, uno de ellos se ponía en pie y en un gesto parecido a meterse la mano en el bolsillo vociferaba.
- ¡¡¡¡Eeeeeeeehhh!!!. Vostedes que entendeches do mar, ¿isto que e, choco, polbo o calamar?
Las risotadas de fondo se fueron apagando mientras que Jumberimir y el cocinero se alejaban y se volvieron a reunir con sus amigos de nuevo.
- ¿Has conseguido alguna información? -le preguntó Bermudapesca al cocinero-.
- No –se adelantó a responder Jumberimir-. Yo creo que no entendían nuestro idioma.
- Puede ser –intervino Fcodo-. Yo que soy políglota y que manejo la lengua de los hombres del oeste con la ayuda del traductor de Google, sé lo difícil que es entender y hacerse entender cuando se hablan lenguas distintas. Aunque siempre hay algo que nos une en una gran hermandad con el resto de los mosqueros. Cuando la sangre mosquera corre por tus venas, sobran las palabras –terminó de decir Fcodo en tono solemne mientras achinaba los ojos y cerraba el puño mientras contraía sus deditos cortos y rechonchos en un gesto de inequívoco orgullo-.
- Hemos tenido una larga jornada -interrumpió Gandalfpé-. Acamparemos aquí y mañana continuaremos nuestra marcha para alcanzar los dominios de Barmarkbol.
domingo, 26 de julio de 2015
El Señor de los Perdigones. Capítulo 8
Al amanecer la comunidad de Degustando Ricas Pitanzas en el Monte recogió el campamento y mientras Gandalfpé fregaba el perol de las gachas que se habían trasegado la noche anterior, Fcodo se acercó a él.- Maestro… digo Gandalfpé, anoche mientras nos retirábamos del acoso de los orcos y los hombres-orco escogotadores de Astur-natur, creí escuchar una voz que me resultó familiar – susurró Fcodo acercándose a Gandalfpé-.
- Sí, mi buen Fcodo. Yo también la oí. De hecho llevo días escuchándola. Sé que nos está siguiendo desde que cruzamos las montañas de Guarramärndugoll. Nos vigila desde la espesura del bosque y aguarda el momento para asaltarnos. Esperará la mejor oportunidad, cuando más débiles nos encontremos, para atacarnos- dijo Gandalfpé en voz alta pero como quién dice algo para sus adentros-. Sé que es Gollumero –concluyó rotundo-.
- ¡¡¡ Maldito seas Gollumero, maldito seas!!! –gritó Fcodo con una aguda y ridícula voz de pito- ¡¡¡sal de tu agujero y enfréntate a mí en singular combate!!!.
- No insistas mi buen Fcodo, no lo hará. Sabe que no es el momento – dijo Gandalfpé mientras poniendo una mano en el hombro de Fcodo, tranquilizaba a su camarada que estaba congestionado como un pavo y se le había hinchado la papada-.
- Qué escándalo es éste, coño. Así no puede dormir uno –espetó Bermudapesca mientras salía de la tienda de campaña con las canillas al aire y las bermudas hechas girones tras haberse enganchado con los tojos del monte al huir de los escogotadores la noche anterior-.
- Nos está siguiendo Gollumero –dijo Gandalpé-. Lo sé desde hace días, pero no os he querido advertir antes para no alarmaros.
- ¿Gollumero aquí, tan lejos del valle de Loz-oyämith? –se extrañó Bermudapesca-.
- Sí. Me temo que ha descubierto que Alvatuk está en posesión de las gafas de culovaso de Rhitmyl de Constanmoria que hacen fraguar al instante el epoxy de los perdigones. Mi informadores me han confirmado que en la aduana están dando estopa y están parando todos los contenedores que vienen de China y le han jodío a Gollumero la linterna de led azul para fraguar el epoxy que compró por Ebay –informó Gandalpé a Fcodo y a Bermudapesca que escuchaban con interés lo que el maestro les contaba-. Si se hace con las gafas de Alvatuk ya habrá dado un gran paso para terminar de montar el perdigón único –continuó Gandalfpé-. Así mismo, me ha llegado información a través de mi red de espías de que se ha puesto en contacto con el troll Al-freg-urgöll y se ha hecho con la brinca venenosa. Ya sabéis que ése anda con la tontuna los hilos…
- Al-freg-urgöll, es ese troll de la raza del sur que emigró a las tierras de Lög-org-arull y que es más basto que un Petit Suisse de morcilla, ¿verdad? -preguntó Fcodo-
- El mismo. Cuenta la leyenda que posee una de las mejores colecciones de hilos y brincas de la Tierra Media y que lo incomprensible de su dialecto, mezcla de la lengua de los trolls del sur y de los orcos del norte, hace imposible a los hombres poder comunicarse con él y sólo es entendido por seres como Gollumero que son capaces de balbucear y escribir en términos ininteligibles para los mortales. Contactó con él por Facebook y tras hacerle un poco la rosca consiguió que le pasara un poco de la brinca venenosa. De ahí que la tenga ya en su poder y esté a un paso de montar el Perdigón Único y ponerlo al servicio del Señor Oscuro de Aöpecor, si finalmente se hace con las gafas de Alvatuk. Ahora es importante que protejamos a nuestro camarada y las gafas de culovaso si no queremos que todo esté perdido –dijo Gandalfpé mientras miraba a los ojos atolondrados de Fcodo-.
- Las protegeré con mi vida si fuese menester –sentenció Fcodo-.
- Sabía que podía contar contigo, Fcodo. Hay pocos hobbits como tú que se tomen esto de la pesca tan en serio – dijo Gandalpé mientras le daba dos collejitas a Fcodo-. Bueno, basta ya de cháchara. Es hora de partir. Al oeste las ordas de Urugluis-piagür asolan los ríos y no dejan viva trucha, salmón o reo que cae en sus manos. Sólo algunos elfos con la ayuda de Barmarkbol resisten los embates de las ordas de los Urug-hai de Urugluis-piagür.
Avisad a los demás. Partimos al oeste. Hagamos acopio de compango y fabes para el camino. Que el cocinero se cerciore de que el camping gas tiene suficientes recambios. Esta comunidad no tiene sentido si no podemos degustar ricas pitanzas en el monte– dijo Gandalfpé mientras se levantaba el manto y estiraba las piernas-.
domingo, 19 de julio de 2015
El Señor de los Perdigones. Capítulo 7
-¡ Ay, ay!, se lastimaba Fcodo, me han dado hostias hasta en el carnet de identidad. Solo les pregunté si estaban pescando sin muerte y como se pusieron. Malditos Orcos.
- ¡Fcodo!,- exclamó Gandalfpé de repente-. Nos vigilan desde la espesura, actuad con normalidad. ¡Tú no bolsabás!, que levantas la liebre; y deja la puta bolsa ya de una vez.
- Jo, Gandalfpé, si es que me encanta recoger basura, -afirmo Sam con expresión atolondrada-.
De repente miles de flechas apuntaban a nuestros amigos.
- ¿Sois pescadores sin muerte? Dijo una voz desde los árboles.
- ¡Maldita sea, si lo somos!, -exclamó Fcodo- ¡y lucharemos hasta la muerte por ello!,- exclamo con un sonoro gallo- ¡como caballeros mosqueros y adalides de la moral verdadera!
- Así me gusta, exclamó de nuevo la voz, estáis en un tramo libre sin muerte.
- ¡Galdalfpé, Gandalfpé, son hombres!, ¡no son orcos! Y les acompaña un elfo armado con vara de dos manos.
- Soy Erreryn, de las montañas de Narceathür, montaraz del norte, pescador de salmón a mosca y fiel defensor de la pesca sin muerte. Sois bienvenidos a estas nobles tierras viajeros.
- Vaya, bienaventurados los ojos que te ven Fcodo, -añadió altivo y arrogante el elfo que acompañaba a los montaraces, mientras agitaba su melena rubia al viento cual anuncio de champú-. Largos los años que han pasado, veo que sigues de buen ver camarada.
- ¡Lagutlas viejo amigo! Tu tampoco has cambiado nada, ese cuerpo esparraguil, esos brazos de orangután y esa mirada de mapache ojeroso. ¡Dame un abrazo!
El elfo tosiendo enérgicamente tras el encuentro y el apretón, encendió su pipa de hierba luisa y comenzó a conversar con los miembros de la comunidad de las ricas pitanzas a la luz del fuego.
- ¡Ay amigos!, vine a luchar contra los montaraces del norte y me uní a ellos. Son diestros en las artes de pesca del salmón, manejan con pericia la mosca, la quisquilla, la moruca y el perdigón y después de ver tanto orco escogotador por estas tierras, no he encontrado nada mejor por aquí.
La noche transcurrió entre conversaciones, pipas y chupitos, mientras se sucedían historias y algún que otro poema épico nostálgico recitado coro por nuestros amigos:
Lagutlas, hasta arriba de hidromiel y hierba luisa intervino babeando.
- Os presentaré a mis nuevos compañeros:
Errheryn, rey de los montaraces del norte, con quien he librado mil batallas.
Frhäntürin, hijo de Ram-ntürin, nacido a medio camino del Anglirú, es nuestro enano trepador de árboles y el mejor oteador de salmones de todo Astur-Natur ¡Míralu comosubepolhumeiru!
Villharin, este lo esnuca todo, pero encara con fiereza a las ordas de orcos que acampan por los valles del norte y los amedrenta con palabrería brusca y brujería de la chunga. Mira como echa espuma por la boca ¡ffffffsshhhh! ¡ffffffsshhhhhhh!
- Este es…
- ¡Compañeros! -Interrumpió Errheryn-, ha amanecido y debemos ir a Quizanadürbridge. Vamos a echar la media hora pal puente y la rueda en el chorro. ¡Acompañadnos!
Gandalfpé sacó de debajo de su larga túnica un tubo de aluminio y fue montando poco a poco los cuatro tramos de una caña de… ¡16 pies!
- Maestr…digo Gandalfpé, -dijo Fcodo con admiración a la par que devoción- no sabía que dominaras las nobles artes de guerra con la vara de dos manos.
Con lágrimas en los ojos, Fcodo continuó.
- Veo un nuevo amanecer aquí en Astur-Natur, elfos, enanos y hombres unidos en la comunidad, como ejercito de caballeros mosqueros, bregando recios en pro de una pesca sin muerte sin chatarra, por los reyes del río a mosca, por las xanas y los nobles reos a mosca seca, sacaderas sin nudos, callos y gachas por doquier, veo…
- ¡Fcodo, fcodo!, -exclamaron Alvatuk y Bermudapes- ¿los salmones se pescan a seca?
- Lo ignoro camaradas. Vayamos a ese extraño ritual que nos dijeron a ver como ejercen nuestros anfitriones tan nobles artes.
- Mira Fcodo, aquí sigue habiendo mierda, -puntualizó Sam mientras miraba a Fcodo con el mismo trance que le embargaba desde que pisaron las tierras Astur-natur- ¡Un paraíso, esto es un paraíso!
Ordas de orcos del ejercito de Uru-hai colgaban de las pilastras y muros del Quizanadürbridge y llenaban las orillas de gran río Narceathür. Nada más detectar la presencia de la comunidad, se reagruparon y se dispusieron en formación de ataque, soltando improperios y aullidos escalofriantes.
- Llevan varas de 10 metros maestr…digo Gandalfpé, -denotó Fcodo-. Estamos perdidos, nada tenemos que hacer contra semejante poderío armamentístico.
Raudos y veloces Errheryn y Villharin se adelantaron y gritaron a la par
- ¡La media hora!
- Ahora veréis porqué me uní a ellos, -dijo Lagutlas entre dientes-.
De un pellejo de cabra, empezaron a sacar bolas de bingo unos y otros. Errheryn, exclamó victorioso
- ¡Saqué el uno!
Los orcos de Uru-hai aullaban de rabia, algunos empujaban, otros gritaban que tongo; las armas se mostraron por parte de unos y otros, pero todo volvió finalmente a la calma.
Llego el momento de pescar. Errheryn empuñó la caña y comenzó a dar una varada tras otra.
- ¿Así se pesca el salmón a mosca?, -preguntó Fcodo-.
- SSSSHHHHHH -le replicaron todos-.
- Ta picandu, un, dos tres, ¡GARRAU!
La pelea fue épica, la comunidad pudo presenciar en directo la enérgica lucha del rey del río prendido. Finalmente el salmón agotado llegó a la orilla.
¡Chas, chas, chas! -sonaban los morrillazos en la cabeza del salmón-.
- ¡Yastá, ahora pal precintu!
Perplejos y escandalizados Galdalfpé y Fcodo corrieron hacia ellos, mostrandose beligerantes debido a su terrible enfado.
- Estáis locos, -gritó Fcodo-, ¿donde está la pesca sin muerte que tanto defiendes?
- Yo estoy a favor de la pesca sin muerte, -replicó Errheryn-.
- Pero entonces ¿por qué lo matas?
- Vas a decirme tu lo que puedo o no puedo hacer dentro de la legalidad. El salmón es mío.
- ¡Asesinos!, -insistió Fcodo-.
- A mi no me insultes, que yo estoy a favor de la pesca sin muerte.
- ¡Desvergonzados! ¡Traidores! ¡Renegados!
A medida que se sucedían los insultos de Fcodo, los orcos uru-hai iban rodeando a nuestros amigos y estrechaban más y más el círculo.
Finalmente aconteció el previsible, inevitable e iterado desenlace.
-¡Ay, ay, ay!
Se lastimaban Fcodo, Gandalfpé, Sam, Alvatuk, Umberimir y Bermudapes mientras sus lastimados cuerpos intentaban torpemente correr ladera abajo.
- Nos han dado la del calamar, me duele hasta el alma. ¿de que coño van estos?
- Lagutlas me advirtió, -añadió Umberimir-.
- No se trata realmente de montaraces, son hombres-orco y no se sabe de que van, pero también decía que una vez uno se acostumbra a convivir con ellos, la vida podía ser plácida y agradable, dejándote pescar tranquilo.
- Mis fuerza flaquean honorable Gandalfpé, ¿ya nadie pesca sin muerte? -se lamentaba Fcodo-.
Con el sol poniéndose frente a ellos, la comunidad reanudó su marcha nuevamente, no sin cojear y arrastrarse tras la tremenda paliza recibida.
- ¿Pescaremos algo alguna vez? -preguntó Sam-
- Hay cosas más importantes que sacar peces -replicó Fcodo mientras rechinaba los dientes-.
Siguiéndoles el paso y desde la sombra…
- Tesooooro, tesooooro les odiamos. Ellos no murieron, los hombres orco son malos, tesoro. Pero no los mataron, el perdigón, tesooooro, ¡gollumero, gollumero! ¡Ejjjjjj! ¡Ejjjjjjj!
- ¡Fcodo!,- exclamó Gandalfpé de repente-. Nos vigilan desde la espesura, actuad con normalidad. ¡Tú no bolsabás!, que levantas la liebre; y deja la puta bolsa ya de una vez.
- Jo, Gandalfpé, si es que me encanta recoger basura, -afirmo Sam con expresión atolondrada-.
De repente miles de flechas apuntaban a nuestros amigos.
- ¿Sois pescadores sin muerte? Dijo una voz desde los árboles.- ¡Maldita sea, si lo somos!, -exclamó Fcodo- ¡y lucharemos hasta la muerte por ello!,- exclamo con un sonoro gallo- ¡como caballeros mosqueros y adalides de la moral verdadera!
- Así me gusta, exclamó de nuevo la voz, estáis en un tramo libre sin muerte.
- ¡Galdalfpé, Gandalfpé, son hombres!, ¡no son orcos! Y les acompaña un elfo armado con vara de dos manos.
- Soy Erreryn, de las montañas de Narceathür, montaraz del norte, pescador de salmón a mosca y fiel defensor de la pesca sin muerte. Sois bienvenidos a estas nobles tierras viajeros.
- Vaya, bienaventurados los ojos que te ven Fcodo, -añadió altivo y arrogante el elfo que acompañaba a los montaraces, mientras agitaba su melena rubia al viento cual anuncio de champú-. Largos los años que han pasado, veo que sigues de buen ver camarada.
- ¡Lagutlas viejo amigo! Tu tampoco has cambiado nada, ese cuerpo esparraguil, esos brazos de orangután y esa mirada de mapache ojeroso. ¡Dame un abrazo!
El elfo tosiendo enérgicamente tras el encuentro y el apretón, encendió su pipa de hierba luisa y comenzó a conversar con los miembros de la comunidad de las ricas pitanzas a la luz del fuego.
- ¡Ay amigos!, vine a luchar contra los montaraces del norte y me uní a ellos. Son diestros en las artes de pesca del salmón, manejan con pericia la mosca, la quisquilla, la moruca y el perdigón y después de ver tanto orco escogotador por estas tierras, no he encontrado nada mejor por aquí.
La noche transcurrió entre conversaciones, pipas y chupitos, mientras se sucedían historias y algún que otro poema épico nostálgico recitado coro por nuestros amigos:
![]() |
| “Padre Tajo, padre Tajo. ¡Ay de tí!, quién lo pensara, que una moza tan garrida te iba a salir tan marrana. Cuando tu matrimoniaste con la bravía Jarama, perdería el apellido, ganarías tú la fama.” |
Lagutlas, hasta arriba de hidromiel y hierba luisa intervino babeando.
- Os presentaré a mis nuevos compañeros:
Errheryn, rey de los montaraces del norte, con quien he librado mil batallas.
Frhäntürin, hijo de Ram-ntürin, nacido a medio camino del Anglirú, es nuestro enano trepador de árboles y el mejor oteador de salmones de todo Astur-Natur ¡Míralu comosubepolhumeiru!
Villharin, este lo esnuca todo, pero encara con fiereza a las ordas de orcos que acampan por los valles del norte y los amedrenta con palabrería brusca y brujería de la chunga. Mira como echa espuma por la boca ¡ffffffsshhhh! ¡ffffffsshhhhhhh!
- Este es…
- ¡Compañeros! -Interrumpió Errheryn-, ha amanecido y debemos ir a Quizanadürbridge. Vamos a echar la media hora pal puente y la rueda en el chorro. ¡Acompañadnos!
Gandalfpé sacó de debajo de su larga túnica un tubo de aluminio y fue montando poco a poco los cuatro tramos de una caña de… ¡16 pies!
- Maestr…digo Gandalfpé, -dijo Fcodo con admiración a la par que devoción- no sabía que dominaras las nobles artes de guerra con la vara de dos manos.
Con lágrimas en los ojos, Fcodo continuó.
- Veo un nuevo amanecer aquí en Astur-Natur, elfos, enanos y hombres unidos en la comunidad, como ejercito de caballeros mosqueros, bregando recios en pro de una pesca sin muerte sin chatarra, por los reyes del río a mosca, por las xanas y los nobles reos a mosca seca, sacaderas sin nudos, callos y gachas por doquier, veo…
- ¡Fcodo, fcodo!, -exclamaron Alvatuk y Bermudapes- ¿los salmones se pescan a seca?
- Lo ignoro camaradas. Vayamos a ese extraño ritual que nos dijeron a ver como ejercen nuestros anfitriones tan nobles artes.
- Mira Fcodo, aquí sigue habiendo mierda, -puntualizó Sam mientras miraba a Fcodo con el mismo trance que le embargaba desde que pisaron las tierras Astur-natur- ¡Un paraíso, esto es un paraíso!
Ordas de orcos del ejercito de Uru-hai colgaban de las pilastras y muros del Quizanadürbridge y llenaban las orillas de gran río Narceathür. Nada más detectar la presencia de la comunidad, se reagruparon y se dispusieron en formación de ataque, soltando improperios y aullidos escalofriantes.
- Llevan varas de 10 metros maestr…digo Gandalfpé, -denotó Fcodo-. Estamos perdidos, nada tenemos que hacer contra semejante poderío armamentístico.
Raudos y veloces Errheryn y Villharin se adelantaron y gritaron a la par
- ¡La media hora!
- Ahora veréis porqué me uní a ellos, -dijo Lagutlas entre dientes-.
De un pellejo de cabra, empezaron a sacar bolas de bingo unos y otros. Errheryn, exclamó victorioso
- ¡Saqué el uno!
Los orcos de Uru-hai aullaban de rabia, algunos empujaban, otros gritaban que tongo; las armas se mostraron por parte de unos y otros, pero todo volvió finalmente a la calma.
Llego el momento de pescar. Errheryn empuñó la caña y comenzó a dar una varada tras otra.
- ¿Así se pesca el salmón a mosca?, -preguntó Fcodo-.
- SSSSHHHHHH -le replicaron todos-.
- Ta picandu, un, dos tres, ¡GARRAU!
La pelea fue épica, la comunidad pudo presenciar en directo la enérgica lucha del rey del río prendido. Finalmente el salmón agotado llegó a la orilla.
¡Chas, chas, chas! -sonaban los morrillazos en la cabeza del salmón-.
- ¡Yastá, ahora pal precintu!
Perplejos y escandalizados Galdalfpé y Fcodo corrieron hacia ellos, mostrandose beligerantes debido a su terrible enfado.
- Estáis locos, -gritó Fcodo-, ¿donde está la pesca sin muerte que tanto defiendes?
- Yo estoy a favor de la pesca sin muerte, -replicó Errheryn-.
- Pero entonces ¿por qué lo matas?
- Vas a decirme tu lo que puedo o no puedo hacer dentro de la legalidad. El salmón es mío.
- ¡Asesinos!, -insistió Fcodo-.
- A mi no me insultes, que yo estoy a favor de la pesca sin muerte.
- ¡Desvergonzados! ¡Traidores! ¡Renegados!
A medida que se sucedían los insultos de Fcodo, los orcos uru-hai iban rodeando a nuestros amigos y estrechaban más y más el círculo.
Finalmente aconteció el previsible, inevitable e iterado desenlace.
-¡Ay, ay, ay!
Se lastimaban Fcodo, Gandalfpé, Sam, Alvatuk, Umberimir y Bermudapes mientras sus lastimados cuerpos intentaban torpemente correr ladera abajo.
- Nos han dado la del calamar, me duele hasta el alma. ¿de que coño van estos?
- Lagutlas me advirtió, -añadió Umberimir-.
- No se trata realmente de montaraces, son hombres-orco y no se sabe de que van, pero también decía que una vez uno se acostumbra a convivir con ellos, la vida podía ser plácida y agradable, dejándote pescar tranquilo.
- Mis fuerza flaquean honorable Gandalfpé, ¿ya nadie pesca sin muerte? -se lamentaba Fcodo-.
Con el sol poniéndose frente a ellos, la comunidad reanudó su marcha nuevamente, no sin cojear y arrastrarse tras la tremenda paliza recibida.
- ¿Pescaremos algo alguna vez? -preguntó Sam-
- Hay cosas más importantes que sacar peces -replicó Fcodo mientras rechinaba los dientes-.
Siguiéndoles el paso y desde la sombra…
- Tesooooro, tesooooro les odiamos. Ellos no murieron, los hombres orco son malos, tesoro. Pero no los mataron, el perdigón, tesooooro, ¡gollumero, gollumero! ¡Ejjjjjj! ¡Ejjjjjjj!
domingo, 12 de julio de 2015
El Señor de los Perdigones. Capítulo 6
Fcodo y la comunidad de las ricas pitanzas cruzaron las montañas nevadas por el estrecho paso de Pajaründal, bajo una niebla intensa y un frío penetrante.
- Meriadun Bermudapesca torcía el gesto y aguantaba sin protestar, ¡quien pillase los ropajes de Xarnegar! Pensó.
- ¿Queda mucho para llegar? Preguntó Sam Bolsabás.
- Poco, queda poco, afirmó Fcodo.
La niebla dio paso a una lluvia fina y el ganado pastaba tranquilamente en los verdes prados donde el olor de los brezos acompañaban a la comunidad que se adentraba poco a poco en uno de los numerosos valles.
- ¿Queda mucho para llegar? Preguntó de nuevo Sam Bolsabás.
- Poooco, queda poco, repitió Fcodo.
- Mirad, allí hay un hombre de campo, un humilde y recio hombre de campo. Seguro que nos puede recomendar un regato donde pescar sin muerte.
- Cagunmimantu, putu furiatu los coyones ¿que mi madre fais por equí? venís xingar les nueses muyeres y pescar les nueses truches, volvéi por ondevinistis babayos. Non texinga, pescadores en sin muerte dícenme, ¿quies una camada de osties?…
- Extraño dialecto hablan por estos lares, pero que entrañables que son; dijo algo que por aquí se pesca sin muerte y que en su casa tenemos cama; arribamos a nobles tierras compañeros. Mirad como agita la vara en señal de despedida.
- ¿Queda mucho para llegar? Preguntó insistente Sam Bolsabás. Puto pesao, nooooo, no queda naaaa.
Los estrechos valles del sur, daban paso a los anchos valles del norte. Humo negro de neumáticos quemados y cadáveres por doquier avisaban de las luchas acontecidas recientemente entre los habitantes de las Minas de Carboörinor y los Señores Orcos de Oviedür, avisando a nuestros amigos que no llegaban en el mejor momento y eran tiempos convulsos.
El imponente Río Allerun, en su desembocadura con el Caudalin, afluente del Nalonon daba la bienvenida a la comunidad con sus frías corrientes.
- La leyenda era cierta, mirad sus limpias aguas -dijo Fcodo-. Estamos en la cuna de la pesca a mosca de Astur-Natur. Preparad las cañas hermanos mosqueros, desvirguemos estas nobles aguas con dignas y elaboradas moscas secas de la Cosmarca para gloria de nuestros ancestros; bebamos el néctar atruchado de sus aguas y templemos armas en sus entrañas como si no hubiera fin, ¡pescad, pescad insensatos!
- Extraños insectos pululantes habitan estas aguas Fcodo, dijo Meriadun tiritando de frío, ¡mirad, por ahí baja una efémera, voy a cogerla!
- ¡Que mierda es esta!, una compresa usada, mirad por allí baja un cagarro. Allí un aplicador de tampax, ¡cuidado con esas botellas de lavavajillas!
- ¡Mira Fcodo! -gritaba Sam Bolsabás desde la lejanía con expresión bobina-. Es el paraíso, ¡mira! Llevo tres bolsas llenas en menos de un minuto.
- Que asco de sitio, las truchas se ceban a los ñordos, ¿quién ha osado mancillar tan nobles aguas?, ¡quién! Plásticos en las ramas de los árboles, cloacas por doquier, ruedas viejas en el lecho y chapas brillando en las corrientes. Malditos orcos del norte, profanadores de santuarios, seguro que ellos son los responsables.
- Pardiez, albricias, hay cebas por esos lares. Acudamos raudos a su llamada, hagamos de tripas corazón, disfrutemos lo poco que queda vivo en este santuario de Xanas norteñas.
- Están selectivas Fcodo, no doy con la mosca, dijo Alvatuk.
- Prueba está imitación de bétido,mi buen Alvatuk
- Fcodo, tiene los cercos caídos, ¿seguro que pesca?
- Ignorante hobbit, todas las imitaciones de bétido tienen los cercos caídos, ¿acaso no conoces mi colección?
- No pican. Están muy selectivas.
- Otra bolsa más¡Y otra! ¡Y otra! ¡El paraíso! -Reverberando desde la lejanía, Sam era la persona más feliz del mundo-
Simultáneamente, disintindiendo con la cabeza y levantando la caña, Fcodo clavaba raudo sobre ceba vista, a la vez que proclamaba:
- ¡Por fin!, dama del norte, bella criatura, tomaste mi obra de arte, mi bétido engañador. Ven a mis manos, hermosa pintona.
- Extraña trucha, es dorada y huele a pescado ¡Es un cachuelo!
De repente, en el horizonte, deslumbró una regia figura, la nobleza desbordaba su estampa y la elegancia en sus movimientos denotaba grandeza. Caña larga de elfo y armoniosas varadas que lograban extraer del agua una trucha tras otra.
- ¡Ayiraneldar! Loados sean los Elfos de las montañas de Sanisidrun. Ancestrales pescadores sin muerte y conocedores de las antiguas artes de pesca a paisana y dacron, -proclamó Fcodo-. ¡Cuanto tiempo amigo!
- ¿Y tu quien coñu yes? -Respondió el Elfo-.
- Soy Fcodo, de la Cosmarca, ¿no me recuerdas? mira quien me acompaña.
- ¡Cagunmimadre! largos años Gandalfpé, que dejaste nuestras montañas tras descubrir el secreto de la paisana roja. Sabes bien de que hablo, finos anzuelos de acero élfico forjados a martillo de latón y plumas de gallo en palmer de kantabrietür. Jamás perdonaremos tan magna traición a nuestros antepasados y nuestra cultura.
- Ayiraneldar, cuan equivocado estás viejo amigo, -contestó Gandalfpé dando una calada de hierba luisa-. Sabes quién me acompañaba en aquellos tiempos y debes reconocer que no era de mucho fiar, nos engañó a todos. Con esa mirada…
- Que te voy a contar, arraigados poemas élficos hablan de aquellos oscuros tiempos y de esa abyecta criatura Gandalfpé, la canción más popular se titula “yes más tontu que Pegp-eiyog”.
- Tranquilos hombres y hobbits, no seré yo quien traicione la hospitalidad de los Elfos de las montañas de Sanisidrun, contestó Ayiraneldar, estáis invitados a descansar en la Noble Collanzdel.
La comunidad de la pitanza arribó a la noble ciudad señorial élfica de Collanzdel y descansaron durante días.
Algo hacía estremecerse a Gandalfpé, con terribles pesadillas que recitaban una vez tras otra que ya no existían los estrechos lazos entre elfos y hombres, algo tenebroso se ocultaba tras la puertas de la ciudad, algo terrible hacía presentir que los Elfos de Sanisidrun podían haber sido flexibles con la terrible alianza de orcos escogotadores del Norte.
Aquella mañana:
- Hermosos arroyos y puras truchas, -comentó Fcodo a sus amigos Bolsabás, Meriadun y Alvatuk-. Truchas de raza, nacidas en el río y protegidas por una férrea cultura de pesca sin muerte. Paseemos por el río camaradas.
- Mirad allí, un pescador elfo, contemplad el arte milenario de la vara larga. Gráciles y acompasados movimientos encaminados a la captura, amigos, maese pintona ha sido engañada sutilmente.
- Fcodo, ¿Qué es esa cesta que llevan colgada a un lado? -Preguntó Sam Bolsabás-.
- No lo sé, ahí llevarán las legendarias artes paisanas.
- Joder, está metiendo en la cesta las truchas que pesca, -replicó Alvatuk-.
- ¡Imposible! -argumentó Fcodo-, es un santuario de pesca sin muerte.
- ¡Fcodo!, ¡Fcodo! Recoged vuestras cosas, -gritó Gandalfpé mientras corría hacia ellos-, ¡nuestra vida corre peligro!
- Collanzdel es condescendiente con la alianza de orcos escogotadores del Norte, han traicionado los principios que juraron; las repoblaciones están a la orden del día y se esnuca mucho más de lo que se suelta, corred.
- Maldita sea, huyamos.
- Sam, deja la puta basura ya. ¡corred insensatos, corred!
Esquivando la lluvia de flechas élficas y los numerosos golpes, la comunidad se adentro de nuevo en los valles en dirección al gran mar del Norte por el río Nalonon.
Los siguientes días fueron terribles. Orcos errantes trepadores de árboles del Esmerillüg y del Esvänthur mataban salmones por doquier a quisquilla y moruca, la comunidad luchó sin cuartel por salvar sus vidas cerca de Lafigalien mientras los ejércitos de Uru-hai arrasaban todo a su paso. No se libraron ni los piscardos. El sonido de los morrillos golpeando los peces era ensordecedor y las procesiones de orcos por la ribera eran constantes.
Deshechos y cansados llegaron a una tranquila orilla del imponente río Narceanthür donde acamparon en sus riberas.
Mientras tanto y no muy lejos de allí…
- Tesooooro, tesooooro te queremos, buscamos polígonos, rectas y óvalos.
No tesoro, no los queremos, amamos huellas intrínsecas derivadas y reflejo circunflejo tetraédrico del perdigón.
Ellos nos lo quitaron, les odiamos a todos, el perdigón, tesooooro, ¡gollumero, gollumero! ¡Ejjjjjj! ¡Ejjjjjjj!
- Meriadun Bermudapesca torcía el gesto y aguantaba sin protestar, ¡quien pillase los ropajes de Xarnegar! Pensó.
- ¿Queda mucho para llegar? Preguntó Sam Bolsabás.
- Poco, queda poco, afirmó Fcodo.
La niebla dio paso a una lluvia fina y el ganado pastaba tranquilamente en los verdes prados donde el olor de los brezos acompañaban a la comunidad que se adentraba poco a poco en uno de los numerosos valles.
- ¿Queda mucho para llegar? Preguntó de nuevo Sam Bolsabás.
- Poooco, queda poco, repitió Fcodo.
- Mirad, allí hay un hombre de campo, un humilde y recio hombre de campo. Seguro que nos puede recomendar un regato donde pescar sin muerte.
- Cagunmimantu, putu furiatu los coyones ¿que mi madre fais por equí? venís xingar les nueses muyeres y pescar les nueses truches, volvéi por ondevinistis babayos. Non texinga, pescadores en sin muerte dícenme, ¿quies una camada de osties?…
- Extraño dialecto hablan por estos lares, pero que entrañables que son; dijo algo que por aquí se pesca sin muerte y que en su casa tenemos cama; arribamos a nobles tierras compañeros. Mirad como agita la vara en señal de despedida.
- ¿Queda mucho para llegar? Preguntó insistente Sam Bolsabás. Puto pesao, nooooo, no queda naaaa.
Los estrechos valles del sur, daban paso a los anchos valles del norte. Humo negro de neumáticos quemados y cadáveres por doquier avisaban de las luchas acontecidas recientemente entre los habitantes de las Minas de Carboörinor y los Señores Orcos de Oviedür, avisando a nuestros amigos que no llegaban en el mejor momento y eran tiempos convulsos.
El imponente Río Allerun, en su desembocadura con el Caudalin, afluente del Nalonon daba la bienvenida a la comunidad con sus frías corrientes.
- La leyenda era cierta, mirad sus limpias aguas -dijo Fcodo-. Estamos en la cuna de la pesca a mosca de Astur-Natur. Preparad las cañas hermanos mosqueros, desvirguemos estas nobles aguas con dignas y elaboradas moscas secas de la Cosmarca para gloria de nuestros ancestros; bebamos el néctar atruchado de sus aguas y templemos armas en sus entrañas como si no hubiera fin, ¡pescad, pescad insensatos!
- Extraños insectos pululantes habitan estas aguas Fcodo, dijo Meriadun tiritando de frío, ¡mirad, por ahí baja una efémera, voy a cogerla!
- ¡Que mierda es esta!, una compresa usada, mirad por allí baja un cagarro. Allí un aplicador de tampax, ¡cuidado con esas botellas de lavavajillas!
- ¡Mira Fcodo! -gritaba Sam Bolsabás desde la lejanía con expresión bobina-. Es el paraíso, ¡mira! Llevo tres bolsas llenas en menos de un minuto.
- Que asco de sitio, las truchas se ceban a los ñordos, ¿quién ha osado mancillar tan nobles aguas?, ¡quién! Plásticos en las ramas de los árboles, cloacas por doquier, ruedas viejas en el lecho y chapas brillando en las corrientes. Malditos orcos del norte, profanadores de santuarios, seguro que ellos son los responsables.
- Pardiez, albricias, hay cebas por esos lares. Acudamos raudos a su llamada, hagamos de tripas corazón, disfrutemos lo poco que queda vivo en este santuario de Xanas norteñas.
- Están selectivas Fcodo, no doy con la mosca, dijo Alvatuk.
- Prueba está imitación de bétido,mi buen Alvatuk
- Fcodo, tiene los cercos caídos, ¿seguro que pesca?
- Ignorante hobbit, todas las imitaciones de bétido tienen los cercos caídos, ¿acaso no conoces mi colección?
- No pican. Están muy selectivas.
- Otra bolsa más¡Y otra! ¡Y otra! ¡El paraíso! -Reverberando desde la lejanía, Sam era la persona más feliz del mundo-
Simultáneamente, disintindiendo con la cabeza y levantando la caña, Fcodo clavaba raudo sobre ceba vista, a la vez que proclamaba:
- ¡Por fin!, dama del norte, bella criatura, tomaste mi obra de arte, mi bétido engañador. Ven a mis manos, hermosa pintona.
- Extraña trucha, es dorada y huele a pescado ¡Es un cachuelo!
De repente, en el horizonte, deslumbró una regia figura, la nobleza desbordaba su estampa y la elegancia en sus movimientos denotaba grandeza. Caña larga de elfo y armoniosas varadas que lograban extraer del agua una trucha tras otra.
- ¡Ayiraneldar! Loados sean los Elfos de las montañas de Sanisidrun. Ancestrales pescadores sin muerte y conocedores de las antiguas artes de pesca a paisana y dacron, -proclamó Fcodo-. ¡Cuanto tiempo amigo!
- ¿Y tu quien coñu yes? -Respondió el Elfo-.
- Soy Fcodo, de la Cosmarca, ¿no me recuerdas? mira quien me acompaña.
- ¡Cagunmimadre! largos años Gandalfpé, que dejaste nuestras montañas tras descubrir el secreto de la paisana roja. Sabes bien de que hablo, finos anzuelos de acero élfico forjados a martillo de latón y plumas de gallo en palmer de kantabrietür. Jamás perdonaremos tan magna traición a nuestros antepasados y nuestra cultura.
- Ayiraneldar, cuan equivocado estás viejo amigo, -contestó Gandalfpé dando una calada de hierba luisa-. Sabes quién me acompañaba en aquellos tiempos y debes reconocer que no era de mucho fiar, nos engañó a todos. Con esa mirada…
- Que te voy a contar, arraigados poemas élficos hablan de aquellos oscuros tiempos y de esa abyecta criatura Gandalfpé, la canción más popular se titula “yes más tontu que Pegp-eiyog”.
- Tranquilos hombres y hobbits, no seré yo quien traicione la hospitalidad de los Elfos de las montañas de Sanisidrun, contestó Ayiraneldar, estáis invitados a descansar en la Noble Collanzdel.
La comunidad de la pitanza arribó a la noble ciudad señorial élfica de Collanzdel y descansaron durante días.
Algo hacía estremecerse a Gandalfpé, con terribles pesadillas que recitaban una vez tras otra que ya no existían los estrechos lazos entre elfos y hombres, algo tenebroso se ocultaba tras la puertas de la ciudad, algo terrible hacía presentir que los Elfos de Sanisidrun podían haber sido flexibles con la terrible alianza de orcos escogotadores del Norte.
Aquella mañana:
- Hermosos arroyos y puras truchas, -comentó Fcodo a sus amigos Bolsabás, Meriadun y Alvatuk-. Truchas de raza, nacidas en el río y protegidas por una férrea cultura de pesca sin muerte. Paseemos por el río camaradas.
- Mirad allí, un pescador elfo, contemplad el arte milenario de la vara larga. Gráciles y acompasados movimientos encaminados a la captura, amigos, maese pintona ha sido engañada sutilmente.
- Fcodo, ¿Qué es esa cesta que llevan colgada a un lado? -Preguntó Sam Bolsabás-.
- No lo sé, ahí llevarán las legendarias artes paisanas.
- Joder, está metiendo en la cesta las truchas que pesca, -replicó Alvatuk-.
- ¡Imposible! -argumentó Fcodo-, es un santuario de pesca sin muerte.
- ¡Fcodo!, ¡Fcodo! Recoged vuestras cosas, -gritó Gandalfpé mientras corría hacia ellos-, ¡nuestra vida corre peligro!
- Collanzdel es condescendiente con la alianza de orcos escogotadores del Norte, han traicionado los principios que juraron; las repoblaciones están a la orden del día y se esnuca mucho más de lo que se suelta, corred.
- Maldita sea, huyamos.
- Sam, deja la puta basura ya. ¡corred insensatos, corred!
Esquivando la lluvia de flechas élficas y los numerosos golpes, la comunidad se adentro de nuevo en los valles en dirección al gran mar del Norte por el río Nalonon.
Los siguientes días fueron terribles. Orcos errantes trepadores de árboles del Esmerillüg y del Esvänthur mataban salmones por doquier a quisquilla y moruca, la comunidad luchó sin cuartel por salvar sus vidas cerca de Lafigalien mientras los ejércitos de Uru-hai arrasaban todo a su paso. No se libraron ni los piscardos. El sonido de los morrillos golpeando los peces era ensordecedor y las procesiones de orcos por la ribera eran constantes.
Deshechos y cansados llegaron a una tranquila orilla del imponente río Narceanthür donde acamparon en sus riberas.
Mientras tanto y no muy lejos de allí…
- Tesooooro, tesooooro te queremos, buscamos polígonos, rectas y óvalos.
No tesoro, no los queremos, amamos huellas intrínsecas derivadas y reflejo circunflejo tetraédrico del perdigón.
Ellos nos lo quitaron, les odiamos a todos, el perdigón, tesooooro, ¡gollumero, gollumero! ¡Ejjjjjj! ¡Ejjjjjjj!
domingo, 5 de julio de 2015
El Señor de los Perdigones. Capítulo 5
A la mañana siguiente prosiguieron su camino. Cruzaron el Abismo Verde de Helm y se dirigieron a Seg-ö-vidur por los pasos de Lillasduhil y Zarzarurgdull y de allí cruzaron la estepa de Valladoluidör. Tomaron el camino del oeste para pescar el Törmeduril, para por fin, llegar a las puertas de las tierras de los jinetes indomables de los Rohinleönhin que luchaban desde los tiempos antiguos para contener a las ordas de Hag-ürug-gil y sus escogotadores lombriceros.
- Hemos arrastrado nuestros cuerpos y nuestros equipos por el páramo y por fin tenemos a la vista las estribaciones de las tierras de los jinetes indomables de los Rohinleönhin. Camaradas, sin duda son los ríos más sagrados de la Tierra Media con permiso de nuestro venerado Tajordarhüll que Val-Erielrond se encargó de descubrir a los mortales -dijo Fcodo, mientras miraba con ojos vidriosos al oeste, como intentando entrever al maestro Val-Erielrond, que partió a las tierras más allá del Mar del Oeste y vive feliz pescando truchas de a metro y sableando a los que le visitan-. En ellos batieron sus cañas los pioneros y viejos mosqueros que bebieron de la sabiduría de los que vinieron a llenar sus despensas allende los Pirineos.
- Sí Fcodo, escuché en el almacén de Xarnegar la historia de un viejo mosquero en la que relataba cómo los pescadores de Rohinleönhin se quedaron absortos con las nuevas artes que portaban, por la efectividad de sus armas y por los maleteros llenos de truchas congeladas que se llevaron a su tierra – observó Alvatuk-.
- Alvatuk, tú eres demasiado joven para haber conocido las hazañas que quedaron impresas en el acervo de los descendientes espirituales de aquellos mosqueros y cuyo veneno aún perdura. Sus fechorías fomentaron que los ríos fueran repoblados con truchas austro-húngaras de mil leches que no suben a la seca aunque les pongan un muelle en la panza. Desde aquellos tiempos el perdigón y la ninfa han invadido los ríos de esta tierra. ¡¡Malditos sean, malditos sean por toda la eternidad, esos sucios perdigoneros!! -gritó Fcodo con su característica voz de pito y su papada temblona-.
- Pero Fcodo, después de pasar por Törmeduril, la tierra de las truchas inmensas, en donde no se pesca casi con artes oscuras y donde las truchas grandes nunca se acaban, no entiendo por qué allí sí suben y aquí no –dijo Meriadun Bermudapesca mientras escurría el agua de sus bermudas de palmeras-.
- En los tiempos de los franceses, el Törmeduril no tenía ni una trucha, todas las que hay ahora son de colonización sostenible y no les queda más remedio que contentar o mofarse de los pescadores de estas tierras haciendo que comen lo que les sale de la adiposa un rato al día. De todas formas, la chatarra tiene poco que hacer en esos fondos tan sembraos de berzas -respondió Fcodo, que no había visto cómo el cocinero con un ademán de disimulo se metía en un bolsillo del chaleco una caja repleta de cucharillas hechas con un metal parecido almïthryl, que antiguamente extraían los hombres del norte de Al-carria-narüllde las minas de Constanmoria y que el cocinero le había comprado a los chinos por Ebay- .
- Entiendo Fcodo, ¿cómo sabes tú tanto de esto? – preguntó Sam Bolsabás-.
- Anda que no sé yo cosas, los viajes de pesca son largos y las confesiones terminan saliendo a la luz. Los amigos de hoy se tornan en enemigos de mañana y sus confesiones son armas en mis manos -dijo Fcodo, mientras ponía una mueca y recordaba los tiempos antiguos, cuando él y el traidor Göllumero, eran amigos del alma-.
- De acuerdo, lo tendré en cuenta –sentenció Sam-
- Fcodo, estoy loco por llegar al río para llenar mi primera bolsa amarilla... ¿qué son aquellas siluetas que se divisan en lontananza?
----------------------
- Estáis en las tierras de Vir-ut-tüir, el Gran Mago del Ego, quiénes sois y qué venís buscando con esas vestimentas tan extrañas- dijo aquel hombre con un yelmo con forma de casco y gran habilidad y rapidez para extraer truchas del río mientras se les acercaba lentamente, escrutando a cada uno de los miembros de la comunidad-.
- Somos la comunidad sagrada de la mosca seca y degustamos ricas pitanzas en el monte. Hemos venimos a luchar contra las fuerzas de Saurancho, el señor del perdigón único que ha trasformado la forma de pescar en los ríos de vuestras tierras y amenaza todos los de la Tierra Media y además va en contra de la ética mosquera pura- contestó Fcodo-.
- Y lo dices así, de tirón. A mí lo que me parece es que sois unos menguados. Ojo, que he dicho menguados, no disminuidos ni faltos, ¡eh!, que nosotros respetamos mucho a los disminuidos y además tenemos muchos amigos que lo son. También os respetamos a vosotros, aunque seáis menguados y faltos.
- Pero si acabas de decir que no somos faltos y a continuación afirmas que lo somos… -replicó Fcodo, al que se le había puesto cara de tonto mientras se rascaba la cabeza-.
- Es una tradición de aquí decir una cosa y la contraria en la misma frase. Nos lo enseñó Vir-ut-tüir, el Gran Mago del Ego. Bueno, pues hala, ya os podéis ir por donde habéis venido que aquí no estamos pa’tontunas. –continuó diciendo aquel hombre, mientras con la mano hacía un gesto indicando que volvieran sobre sus pasos-.
- No, no. No nos vamos a ir sin luchar, ¡¡en guardia!! –dijo Fcodo desafiante, mientras daba un salto cual sapo y le temblaba la panza y la papada al rebotar su piernecitas cortas en el suelo-.
- ¿Qué pasa aquí?- espetó un nuevo personaje que había aparecido en escena. Aquel hombre era alto, delgado y de luenga barba blanca. Sus manos huesudas sostenían una Sägedor que llevaba sujeto un mítico Vivarellituir-.
El otro, al escuchar la voz del nuevo personaje giró la cabeza y al identificarlo, hizo una profunda reverencia y semi agachado como hacían los lacayos en los tiempos antiguos de Valinor, se retiró unos pasos mientras sacudía la cabeza en signo de respeto y sumisión.
- ¡¡Oh Gran Vir-ut-tüir, Gran Mago del Ego, Maestro de Maestros, Lucero de Pescadores, Guardián de la Sabiduría Haliéutica, Amo y Señor de los ríos de Rohinleönhin, Guardián del Padre Esläd-huill, Condestable del Orb-ig-öduil, Senescal del Pörm-an-dhuill, Protector de… !!
- Bien, bien, está bien, pelota… Eres un buen palmero, pero deja de hacerme ya la rosca que por mucho que me dores la píldora ahora o por mucho que le des a “Me gusta”en Facebook a las tontunas que publico, no estás aún preparado para que te transmita mi sabiduría piscatoria -dijo Vir-ut-tüir, mientras hacía un gesto de manifiesto desdén al pelotilla-. ¿Qué está pasando aquí? Cuéntame.
- Han llegado estos menguados y dicen que quieren luchar por alguna historia de un tal Saurancho o no sé qué, Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir, -dijo el palmero mientras seguía con la cabeza inclinada-.
- Mirar chavales, aquí no tenemos el chichi pa’farolillos, así que os voy a apuntar en este pergamino la dirección del rey de los orcos Hag-ürug-gil, que ése entra a la pelea a la primera tentativa y os pegáis con él, que yo ya estoy hasta el rabo la boina de hostiarme con toquisqui y ya na más que me dejo ver en Facebook y sólo ante aquéllos, que como éste palmero, me hacen la mamola- dijo Vir-ut-tüir, señalando con desprecio condescendiente al tordo que seguía con la cabeza gacha haciendo leves movimientos arriba y abajo como perro de adorno en bandeja de coche, en ostensible signo de aprobación-
- Pero vosotros pescáis con perdigón y además nadie puede tener un ego tan grande como el mío –dijo Fcodo, rechinando los dientes mientras el labio rechoncho le temblaba de pura rabia-.
- Pues también nos encanta la competición y no dejamos ni un permiso libre para los EDS del Orb-ig-öduil- dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir, mientras levantaba su caña Sagedör y mostraba su carrete Vivarellituir en ostensible signo de orgullo-
- Prepara tus armas, hereje –espetó Fcodo, que saltó hacia delante en actitud desafiante-
Raaaaasssssss… -se escuchó al dar el salto Fcodo-
- ¡¡ Me cagontoloquesemena!! El puto váder… Ya se ha rasgao de la entrepierna –dijo Fcodo mientras miraba las costuras rotas-.
- Esto te pasa por comprar váders de los chinos. Si hicieras como yo y llevaras bermudas eso no te pasaba –dijo Mediadun Bermudapesca-.
- ¡¡¡Nos ha jodido!!! y así vas tú con las piernas como un nazareno y amoratás del frío – replicó Fcodo en un respingo de manifiesta contrariedad-.
- No es asunto mío, extraños viajeros, pero a pesar de que habéis estado a punto de agredirme, compartiré con vosotros mi excelsa sabiduría y os diré cómo podéis arreglar lo del váder, si deponéis vuestras cañas y le dais al llegar a casa al “Me gusta” en Facebook cuando yo publique algo– dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir-.
- O eso, o a pescar en bermudas… -dijo para sí Fcodo-. ¿Tú dirás, pues?
- Teneís la opción –continuó el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir- , de que marchéis al valle de Curüe-ñandur y allí, el rey de los orcos, Hag-ürug-gil os podrá vender plumas de culo de pollo y algún váder de esos que fallan más que una escopeta feria, pero os valdrán para cuatro o cinco jornadas al menos, aunque luego los tengas que tirar a la basura porque no hay Dios que los repare.
- Ese orco es nuestro enemigo declarado. Quiere que los del besbello y el saltón vuelvan a los ríos y ocupen el lugar que por nobleza nos corresponde ocupar a los mosqueros –dijo Fcodo-.
- También lo es mío –dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir, con un brillo de odio en los ojos- . Con sus malas artes ha intentado quitarme protagonismo en Facebook y desde que sale en la tele se cree el rey del mambo, cuando de todos es sabido que yo soy el Gran Mago del Ego, Maestro de Maestros, Lucero de Pescadores, Guardián de la Sabiduría Haliéutica, Amo y Señor de los ríos de Rohinleönhin, Guardián del Padre Esläd-huill, condestable del Orb-ig-öduil, y Senescal del Pörm-an-dhuill quien atesora la infinita sabiduría piescatoria… ¡¡coño, pero es que pescar sin váder como el menguado ése que va con vosotros es muy duro!!
- ¡¡ Oiga, sin faltar!!- protestó Meriadun Bermudapesca-.
- No le compraremos un váder a Hag-ürug-gil… ¡¡le derrotaremos y se lo robaremos!! – dijo Fcodo, con su ya conocida mirada de atolondrado-.
- Id pues y recordadle que yo sigo siendo el rey de los Rohinleönhin y a vuestro regreso no os olvidéis de dar al “Me gusta” en Facebook a lo que yo publique – dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir- .
- Así lo haremos, pues aunque eres de competición y pescas a perdigón, los enemigos de nuestros enemigos, son nuestros amigos. –dijo Fcodo mientras hacía una profunda reverencia que dejaba entrever una lorza de su nalga por la rotura del váder-.
--------------------------
- Hag-ürug-gil, ¡¡sal de tu castillo y pelea contra nosotros!! Tu fama en la región te precede –gritó Fcodo-.
- ¿Quién coño sois vosotros? -respondió desde una almena un orco con cara de bruto-.
- Nos ha dado tu dirección Vir-ut-tüir, el Gran Mago del Ego y nos ha dicho que eres el valedor de la pesca con artes oscuras en los ríos de Rohinleönhin. Si nos das un váder de esos que vendes, quizás te perdonemos la vida – gritó Fcodo desde abajo-.
- ¡¡ Será tonto el gordo éste!! Espera ahí abajo, que te lo voy a dar ahora mismo.
Hag-ürug-gil bajó las escaleras del castillo a toda prisa con dos pollos de raza auténtica de los Rohinleönhin bajo el brazo a los que les estaba haciendo la permanente, mientras entre alaridos convocaba a sus palmeros de internet.
--------------------------
- Quién iba a decir que tenía tres escuadrones de orcos palmeros en el castillo –dijo Alvatuk mientras recobraba el resuello-.
- Nos han puesto guapos, ¡madre mía Fcodo, qué paliza!- apostillaba Bolsabás-
- Me ha dado un buen puñetazo, pero se ha tenido que hacer un daño en la mano al partirme la cara… -dijo Fcodo mientras se tocaba el moflete rechoncho y visiblemente amoratado-. Nuestra misión está cumplida camaradas, marchemos para Astur-natur.
- Fcodo, espero que el espíritu del Gran Mosquero nos guíe y allí tengamos una victoria sobre las fuerzas oscuras, aunque no sé cómo podrás combatir con tu váder roto – observó Jumberimir-.
- Es un pequeño contratiempo que tendremos que solventar comprando unos por internet, mi buen Jumberimir, lo importante es que ya saben aquí que los buenos y puros mosqueros de raza todavía estamos dispuestos a dar la batalla y el comienzo de ésta, empezó con la huella ecuménica del mensaje y la palabra que dejaron tú compendios en esta tierra –dijo solemnemente Fcodo-.
- Pues no sé yo, porque no he vendido ni uno…
- Por cierto Fcodo ¿Qué diferencia hay entre un menguado y un disminuido? –preguntó Alvatuk-
- Pues supongo que la misma que hay entre un menguante y un disminuyente.
- Me parece a mí que no debe ser esa, sino la misma que hay entre menguar y disminuir… -apostilló Jumberimir-
Y con esta distendida conversación, la animada y maltrecha hermandad enfiló el paso de Pajaründal camino de Astur-natur.
- Hemos arrastrado nuestros cuerpos y nuestros equipos por el páramo y por fin tenemos a la vista las estribaciones de las tierras de los jinetes indomables de los Rohinleönhin. Camaradas, sin duda son los ríos más sagrados de la Tierra Media con permiso de nuestro venerado Tajordarhüll que Val-Erielrond se encargó de descubrir a los mortales -dijo Fcodo, mientras miraba con ojos vidriosos al oeste, como intentando entrever al maestro Val-Erielrond, que partió a las tierras más allá del Mar del Oeste y vive feliz pescando truchas de a metro y sableando a los que le visitan-. En ellos batieron sus cañas los pioneros y viejos mosqueros que bebieron de la sabiduría de los que vinieron a llenar sus despensas allende los Pirineos.
- Sí Fcodo, escuché en el almacén de Xarnegar la historia de un viejo mosquero en la que relataba cómo los pescadores de Rohinleönhin se quedaron absortos con las nuevas artes que portaban, por la efectividad de sus armas y por los maleteros llenos de truchas congeladas que se llevaron a su tierra – observó Alvatuk-.
- Alvatuk, tú eres demasiado joven para haber conocido las hazañas que quedaron impresas en el acervo de los descendientes espirituales de aquellos mosqueros y cuyo veneno aún perdura. Sus fechorías fomentaron que los ríos fueran repoblados con truchas austro-húngaras de mil leches que no suben a la seca aunque les pongan un muelle en la panza. Desde aquellos tiempos el perdigón y la ninfa han invadido los ríos de esta tierra. ¡¡Malditos sean, malditos sean por toda la eternidad, esos sucios perdigoneros!! -gritó Fcodo con su característica voz de pito y su papada temblona-.
- Pero Fcodo, después de pasar por Törmeduril, la tierra de las truchas inmensas, en donde no se pesca casi con artes oscuras y donde las truchas grandes nunca se acaban, no entiendo por qué allí sí suben y aquí no –dijo Meriadun Bermudapesca mientras escurría el agua de sus bermudas de palmeras-.
- En los tiempos de los franceses, el Törmeduril no tenía ni una trucha, todas las que hay ahora son de colonización sostenible y no les queda más remedio que contentar o mofarse de los pescadores de estas tierras haciendo que comen lo que les sale de la adiposa un rato al día. De todas formas, la chatarra tiene poco que hacer en esos fondos tan sembraos de berzas -respondió Fcodo, que no había visto cómo el cocinero con un ademán de disimulo se metía en un bolsillo del chaleco una caja repleta de cucharillas hechas con un metal parecido almïthryl, que antiguamente extraían los hombres del norte de Al-carria-narüllde las minas de Constanmoria y que el cocinero le había comprado a los chinos por Ebay- .
- Entiendo Fcodo, ¿cómo sabes tú tanto de esto? – preguntó Sam Bolsabás-.
- Anda que no sé yo cosas, los viajes de pesca son largos y las confesiones terminan saliendo a la luz. Los amigos de hoy se tornan en enemigos de mañana y sus confesiones son armas en mis manos -dijo Fcodo, mientras ponía una mueca y recordaba los tiempos antiguos, cuando él y el traidor Göllumero, eran amigos del alma-.
- De acuerdo, lo tendré en cuenta –sentenció Sam-
- Fcodo, estoy loco por llegar al río para llenar mi primera bolsa amarilla... ¿qué son aquellas siluetas que se divisan en lontananza?
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- Estáis en las tierras de Vir-ut-tüir, el Gran Mago del Ego, quiénes sois y qué venís buscando con esas vestimentas tan extrañas- dijo aquel hombre con un yelmo con forma de casco y gran habilidad y rapidez para extraer truchas del río mientras se les acercaba lentamente, escrutando a cada uno de los miembros de la comunidad-.
- Somos la comunidad sagrada de la mosca seca y degustamos ricas pitanzas en el monte. Hemos venimos a luchar contra las fuerzas de Saurancho, el señor del perdigón único que ha trasformado la forma de pescar en los ríos de vuestras tierras y amenaza todos los de la Tierra Media y además va en contra de la ética mosquera pura- contestó Fcodo-.
- Y lo dices así, de tirón. A mí lo que me parece es que sois unos menguados. Ojo, que he dicho menguados, no disminuidos ni faltos, ¡eh!, que nosotros respetamos mucho a los disminuidos y además tenemos muchos amigos que lo son. También os respetamos a vosotros, aunque seáis menguados y faltos.
- Pero si acabas de decir que no somos faltos y a continuación afirmas que lo somos… -replicó Fcodo, al que se le había puesto cara de tonto mientras se rascaba la cabeza-.
- Es una tradición de aquí decir una cosa y la contraria en la misma frase. Nos lo enseñó Vir-ut-tüir, el Gran Mago del Ego. Bueno, pues hala, ya os podéis ir por donde habéis venido que aquí no estamos pa’tontunas. –continuó diciendo aquel hombre, mientras con la mano hacía un gesto indicando que volvieran sobre sus pasos-.
- No, no. No nos vamos a ir sin luchar, ¡¡en guardia!! –dijo Fcodo desafiante, mientras daba un salto cual sapo y le temblaba la panza y la papada al rebotar su piernecitas cortas en el suelo-.
- ¿Qué pasa aquí?- espetó un nuevo personaje que había aparecido en escena. Aquel hombre era alto, delgado y de luenga barba blanca. Sus manos huesudas sostenían una Sägedor que llevaba sujeto un mítico Vivarellituir-.
El otro, al escuchar la voz del nuevo personaje giró la cabeza y al identificarlo, hizo una profunda reverencia y semi agachado como hacían los lacayos en los tiempos antiguos de Valinor, se retiró unos pasos mientras sacudía la cabeza en signo de respeto y sumisión.
- ¡¡Oh Gran Vir-ut-tüir, Gran Mago del Ego, Maestro de Maestros, Lucero de Pescadores, Guardián de la Sabiduría Haliéutica, Amo y Señor de los ríos de Rohinleönhin, Guardián del Padre Esläd-huill, Condestable del Orb-ig-öduil, Senescal del Pörm-an-dhuill, Protector de… !!
- Bien, bien, está bien, pelota… Eres un buen palmero, pero deja de hacerme ya la rosca que por mucho que me dores la píldora ahora o por mucho que le des a “Me gusta”en Facebook a las tontunas que publico, no estás aún preparado para que te transmita mi sabiduría piscatoria -dijo Vir-ut-tüir, mientras hacía un gesto de manifiesto desdén al pelotilla-. ¿Qué está pasando aquí? Cuéntame.
- Han llegado estos menguados y dicen que quieren luchar por alguna historia de un tal Saurancho o no sé qué, Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir, -dijo el palmero mientras seguía con la cabeza inclinada-.
- Mirar chavales, aquí no tenemos el chichi pa’farolillos, así que os voy a apuntar en este pergamino la dirección del rey de los orcos Hag-ürug-gil, que ése entra a la pelea a la primera tentativa y os pegáis con él, que yo ya estoy hasta el rabo la boina de hostiarme con toquisqui y ya na más que me dejo ver en Facebook y sólo ante aquéllos, que como éste palmero, me hacen la mamola- dijo Vir-ut-tüir, señalando con desprecio condescendiente al tordo que seguía con la cabeza gacha haciendo leves movimientos arriba y abajo como perro de adorno en bandeja de coche, en ostensible signo de aprobación-
- Pero vosotros pescáis con perdigón y además nadie puede tener un ego tan grande como el mío –dijo Fcodo, rechinando los dientes mientras el labio rechoncho le temblaba de pura rabia-.
- Pues también nos encanta la competición y no dejamos ni un permiso libre para los EDS del Orb-ig-öduil- dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir, mientras levantaba su caña Sagedör y mostraba su carrete Vivarellituir en ostensible signo de orgullo-
- Prepara tus armas, hereje –espetó Fcodo, que saltó hacia delante en actitud desafiante-
Raaaaasssssss… -se escuchó al dar el salto Fcodo-
- ¡¡ Me cagontoloquesemena!! El puto váder… Ya se ha rasgao de la entrepierna –dijo Fcodo mientras miraba las costuras rotas-.
- Esto te pasa por comprar váders de los chinos. Si hicieras como yo y llevaras bermudas eso no te pasaba –dijo Mediadun Bermudapesca-.
- ¡¡¡Nos ha jodido!!! y así vas tú con las piernas como un nazareno y amoratás del frío – replicó Fcodo en un respingo de manifiesta contrariedad-.
- No es asunto mío, extraños viajeros, pero a pesar de que habéis estado a punto de agredirme, compartiré con vosotros mi excelsa sabiduría y os diré cómo podéis arreglar lo del váder, si deponéis vuestras cañas y le dais al llegar a casa al “Me gusta” en Facebook cuando yo publique algo– dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir-.
- O eso, o a pescar en bermudas… -dijo para sí Fcodo-. ¿Tú dirás, pues?
- Teneís la opción –continuó el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir- , de que marchéis al valle de Curüe-ñandur y allí, el rey de los orcos, Hag-ürug-gil os podrá vender plumas de culo de pollo y algún váder de esos que fallan más que una escopeta feria, pero os valdrán para cuatro o cinco jornadas al menos, aunque luego los tengas que tirar a la basura porque no hay Dios que los repare.
- Ese orco es nuestro enemigo declarado. Quiere que los del besbello y el saltón vuelvan a los ríos y ocupen el lugar que por nobleza nos corresponde ocupar a los mosqueros –dijo Fcodo-.
- También lo es mío –dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir, con un brillo de odio en los ojos- . Con sus malas artes ha intentado quitarme protagonismo en Facebook y desde que sale en la tele se cree el rey del mambo, cuando de todos es sabido que yo soy el Gran Mago del Ego, Maestro de Maestros, Lucero de Pescadores, Guardián de la Sabiduría Haliéutica, Amo y Señor de los ríos de Rohinleönhin, Guardián del Padre Esläd-huill, condestable del Orb-ig-öduil, y Senescal del Pörm-an-dhuill quien atesora la infinita sabiduría piescatoria… ¡¡coño, pero es que pescar sin váder como el menguado ése que va con vosotros es muy duro!!
- ¡¡ Oiga, sin faltar!!- protestó Meriadun Bermudapesca-.
- No le compraremos un váder a Hag-ürug-gil… ¡¡le derrotaremos y se lo robaremos!! – dijo Fcodo, con su ya conocida mirada de atolondrado-.
- Id pues y recordadle que yo sigo siendo el rey de los Rohinleönhin y a vuestro regreso no os olvidéis de dar al “Me gusta” en Facebook a lo que yo publique – dijo el Gran Mago del Ego Vir-ut-tüir- .
- Así lo haremos, pues aunque eres de competición y pescas a perdigón, los enemigos de nuestros enemigos, son nuestros amigos. –dijo Fcodo mientras hacía una profunda reverencia que dejaba entrever una lorza de su nalga por la rotura del váder-.
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- Hag-ürug-gil, ¡¡sal de tu castillo y pelea contra nosotros!! Tu fama en la región te precede –gritó Fcodo-.
- ¿Quién coño sois vosotros? -respondió desde una almena un orco con cara de bruto-.
- Nos ha dado tu dirección Vir-ut-tüir, el Gran Mago del Ego y nos ha dicho que eres el valedor de la pesca con artes oscuras en los ríos de Rohinleönhin. Si nos das un váder de esos que vendes, quizás te perdonemos la vida – gritó Fcodo desde abajo-.
- ¡¡ Será tonto el gordo éste!! Espera ahí abajo, que te lo voy a dar ahora mismo.
Hag-ürug-gil bajó las escaleras del castillo a toda prisa con dos pollos de raza auténtica de los Rohinleönhin bajo el brazo a los que les estaba haciendo la permanente, mientras entre alaridos convocaba a sus palmeros de internet.
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- Quién iba a decir que tenía tres escuadrones de orcos palmeros en el castillo –dijo Alvatuk mientras recobraba el resuello-.
- Nos han puesto guapos, ¡madre mía Fcodo, qué paliza!- apostillaba Bolsabás-
- Me ha dado un buen puñetazo, pero se ha tenido que hacer un daño en la mano al partirme la cara… -dijo Fcodo mientras se tocaba el moflete rechoncho y visiblemente amoratado-. Nuestra misión está cumplida camaradas, marchemos para Astur-natur.
- Fcodo, espero que el espíritu del Gran Mosquero nos guíe y allí tengamos una victoria sobre las fuerzas oscuras, aunque no sé cómo podrás combatir con tu váder roto – observó Jumberimir-.
- Es un pequeño contratiempo que tendremos que solventar comprando unos por internet, mi buen Jumberimir, lo importante es que ya saben aquí que los buenos y puros mosqueros de raza todavía estamos dispuestos a dar la batalla y el comienzo de ésta, empezó con la huella ecuménica del mensaje y la palabra que dejaron tú compendios en esta tierra –dijo solemnemente Fcodo-.
- Pues no sé yo, porque no he vendido ni uno…
- Por cierto Fcodo ¿Qué diferencia hay entre un menguado y un disminuido? –preguntó Alvatuk-
- Pues supongo que la misma que hay entre un menguante y un disminuyente.
- Me parece a mí que no debe ser esa, sino la misma que hay entre menguar y disminuir… -apostilló Jumberimir-
Y con esta distendida conversación, la animada y maltrecha hermandad enfiló el paso de Pajaründal camino de Astur-natur.
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